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HISTO

ORIA UNIVERSAL I
UN
NIDAD II. FEUDALISMO
Martha Ortiz Álvarez

FEUDALISMO
LAS LLAMADAS “INVASIONES BÁRBAROS”
Los inmigrantes y el fin del Imperio Romano de Occidente.
Hasta ahora se conocía como “la invasión de los bárbaros” al fenómeno
social y político V d.C. que destruyó las estructuras supranacionales y
supracontinentales del Imperio Romano de Occidente, creado en torno al
Mediterráneo, que marcó el nacimiento de la Edad Media. La mal llamada
“invasión de los bárbaros” no fue una invasión salvaje que todo lo arrollaba y
destruía a sangre y fuego, sino
una continuada inmigración de
pueblos germanos que llegaron y
se instalaron en los prósperos
territorios del Imperio. Tras las
conquistas, extensión y
hegemonía del Imperio. Tras las
conquistas, extensión y
hegemonía del Imperio Romano,
y durante el largo período de
siglos de prosperidad que supuso,
la vitalidad de los pueblos vecinos
se manifestó en forma de pacíficas llegadas
llegadas de germanos en grupos tribales,
clánicos o familiares, que fueron penetrando lentamente a lo largo de cien años
en las ricas y civilizadas zonas del Imperio Romano. El término “bárbaro” no
equivalía a “salvaje”; los germanos, como los eslavos y algunos
algunos otros pueblos de
los límites del Imperio, eran llamados así porque no sabían hablar fluidamente el
latín y titubeaban o “bar
“bar-bar-izaban”
izaban” cuando trataban de comunicarse con los
romanos en el idioma de éstos.

A lo largo de todo el siglo IV, pequeños grupos


grupos de germanos se habían ido
asentando en la Galia romana por medio de foedus (pactos) con las autoridades

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romanas. Esa llegada de gentes y pueblos tuvo una influencia decisiva sobre el
Imperio, pues primero trastocaron y cambiaron la vida romana, pero luego la
hicieron desaparecer al convertirse en una verdadera invasión: una noche de
finales de diciembre del año 406, los “bárbaros” germanos rompieron el limes o
frontera en Maguncia (Alemania) y se desparramaron por las tierras norteñas del
Imperio occidental:
dental: los vándalos, suevos y alanos atravesaron la frontera del Rhin
y, desplazándose rápidamente a través de la Galia, entraron y se establecieron en
Hispania (España); a su vez y procedentes de Italia, los visigodos se asentaron en
el año 412 en el sur de la Galia, concretamente en Aquitania; por su parte, los
burgundios lo hicieron en la Galia oriental en 440; por último, los bretones o
celtas procedentes de Britania, que había sido invadida por las tribus sajonas,
solicitaron y consiguieron
refugio en el noroeste del
continente y dieron su
nombre a la región de
Bretaña. Sin embargo,
todos ellos (germanos,
romanos y galos) se
unieron en el año 451
para hacer frente y
derrotar a una nueva
oleada de invasores
verdaderamente salvajes
y temidos: los hunos de e Atila.

Durante el siglo V, y conforme iban imponiendo su hegemonía y su propio


carácter en las áreas que ocupaban, el Imperio Romano se fue fragmentando
poco a poco en varios Estados nacionales y acabó desapareciendo; por eso se dice
que la Edad Media dura mil años: del siglo V al XV. Desde el año 406 se iniciaron
una serie de sucesos y de tratados o pactos entre Roma y los pueblos “bárbaros”
que se iban asentando en su territorio; la decadencia romana culminó en el año
476, con el destronamiento y caída
caída del último emperador romano, Rómulo
Augústulo, ante las hueste del hérulo Odoacro: así acabó en 476 el Imperio
Romano de Occidente, no el de Oriente, que duró mil año más como Imperio
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Bizantino. A finales del siglo III Diocleciano había dividido por primera vez el
Imperio Romano en dos sectores, y en cada uno de ellos había puesto un
“augusto” y su “césar”; pero el emperador Constantino I volvió a unificar
nuevamente el Imperio, aunque fundó Constantinopla (antes, la aldea de
Bizancio, y hoy Estambul) y estableció en ella la capital imperial. Pero en el año
395, el hispano-romano Teodosio I dividió el Imperio definitivamente en dos: el
Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma y entregado a su hijo
Honorio, y el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla y
encomendado a su hijo Arcadio. Por eso, la caída de Roma, y con ella la del
Imperio Romano de Occidente, puso fin a la Antigüedad o Edad Antigua (que
aproximadamente abarcó desde el año 3000 a.C.
hasta el 476 d.C.) e inició la Edad Media.

Las relaciones de Roma con los


“bárbaros” habían sido cautas y temerosas,
tratando de evitar la ruina de Roma y del
Imperio y procurando atraérselos con
recompensas territoriales. Para esto
formalizaron pactos (foedus) con ellos; entre los
diferentes pactos que estableció Roma –el
Imperio de Occidente- con los pueblos germanos, hay que recordar los realizados
en el siglo III con los francos, el suscrito hacia el año 410 con los alanos, el de 418
con los visigodos y el de 443 con los burgundios. Gracias a estos foedus entre
Roma y los “bárbaros” éstos se establecieron en territorios del Imperio Romano,
que fueron poblando poco a poco y en los que acabaron imponiendo su
hegemonía. Así, a la caída de Roma y del sistema imperial en el año 476 nacían en
esos territorios los gérmenes e inicios de los futuros reinos europeos que irían
luego evolucionando y desarrollándose durante la Edad Media; esos reinos
configuraron la Europa de nuestros días.
José Luis Martínez Sanz, Edad Media, Vida y costumbres
en la antigüedad, México, 2007, Editorial Perymat Libros, p. 7-9