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Después de este tipo de impactos de alta intensidad y a menudo, con serias

secuelas, la persona está obligada a vivir un duelo. Porque hay una pérdida: la
pérdida de una parte de uno mismo, de una forma de vida, de un rostro, de un
cuerpo que tal vez, ya no responda de igual modo.

Son duras batallas personales que a veces, nos tocan desde muy cerca. No
podemos olvidar, por ejemplo, que según nos indican los datos estadísticos los
accidentes cerebrovasculares se alzan como la primer causa de muerte en las
mujeres. Asimismo, el ictus sigue siendo una de las principales causas de
invalidez permanente.

Quien logra sobrevivir a ello, debe atravesar una serie de etapas tan delicadas
como profundas para emerger finalmente en una persona nueva. Alguien más
fuerte, alguien que lucha cada día con las posibles secuelas que el destino, a
veces injusto, irónico y cruel, ha querido traerle.

Un ictus es un problema súbito en la propia circulación sanguínea del cerebro. Puede


cursar con una rotura de un vaso cerebral o una bajada en el aporte sanguíneo. Todo ello
produce algo irreversible: la muerte de las células cerebrales debido a la falta de aporte
de oxígeno y nutrientes.

Sabemos que la inmediatez en la atención médica es clave, tanto para la supervivencia


como para paliar las posibles secuelas. No obstante, no podemos olvidar tampoco algo
esencial. El impacto para las familias, amigos y personas cercanas a la persona afectada.
La vida se detiene para todos. La luz se apaga y nadie sabe cuándo ni cómo va a
despertar nuestro ser querido.

Esos días en cuidados intensivos son recordados por los pacientes de forma extraña,
turbulenta, lejana. Perdidos en una dimensión brumosa y desconectados de la realidad,
aún son ajenos a lo que realmente ha sucedido. El despertar es lento y, por supuesto,
traumático. Sin embargo, hay que actuar con premura. Porque la recuperación
neurológica tiene dos fases que hay que iniciar lo antes posible.

La primera etapa dura seis meses y el cerebro hace lo que puede. El objetivo es vital:
debe restaurar las conexiones neuronales destruidas. Más tarde, vendrá la etapa
rehabilitadora, donde el cerebro debe seguir asentando logros, conexiones,
sensibilidades, movimientos… Se necesita de un estimulación exterior y por supuesto, de
la voluntad del paciente, su ánimo y del apoyo de su círculo personal.

1. ¿Qué es un ictus?
2. ¿Qué le ocurrió a Llorenç desde un punto de vista médico?
3. ¿Son todos los ictus iguales?
4. ¿Cuáles son los principales factores de
5. riesgo de los ACV?
6. ¿Qué grupo de población es en el que
7. tienen mayor incidencia los ictus?
8. ¿Qué secuelas puede dejar un ictus?
9. ¿Qué intervención recibió Llorenç?
10. ¿Cómo afectó el ictus al entorno cercano de Llorenç?
11. ¿Cómo afectó a su vida personal y laboral?
12. ¿Existe algún tratamiento para el ictus?
13. ¿Con qué síntomas se presenta un ictus cerebral?