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RASAL

LINGÜÍSTICA
N° 1/2 - 2008: 25-50

VARIACIÓN LINGÜÍSTICA Y GRAMÁTICA: EL CASO DEL ESPAÑOL DE


LA ARGENTINA COMO LENGUA DE CONTACTO

Alicia Avellana*
Universidad de Buenos Aires/CONICET

Laura M. Kornfeld**
Universidad de Buenos Aires/CONICET/UNGS

RESUMEN

Este artículo presenta un análisis de los principales fenómenos de variación grama-


tical presentes en el español de la Argentina en contacto con tres lenguas indígenas (gua-
raní, quechua y toba), desde la perspectiva de la gramática generativa. Nos proponemos
demostrar que la variación gramatical relevante se explica por la influencia de las len-
guas indígenas en las categorías y los rasgos funcionales del español, así como en sus ope-
raciones morfológicas. En este sentido, los datos del español de la Argentina pueden con-
tribuir a la actual discusión teórica acerca de dónde está alojada la variación lingüística,
continuando la investigación iniciada en el marco de la gramática generativa en los años
’90 (Chomsky 1991, Halle & Marantz 1993, Embick & Halle en prensa, entre otros).
Adicionalmente, al demostrar que la variación es formalizable y responde a una gramá-
tica diferente, formalmente tan perfecta como la del español estándar, se posibilita un
estudio sistemático y comparativo de estas variedades, lo que constituye un avance en la

* Alicia Avellana es licenciada en Letras (Universidad de Buenos Aires, 2004) y se


desempeña como docente auxiliar en la cátedra de Gramática de la Facultad de
Filosofía y Letras (UBA). Desde 2007 es becaria de postgrado de CONICET e investi-
ga en temas relacionados con la gramática del español en el contacto lingüístico y en
la adquisición de segundas lenguas desde una perspectiva generativa. Dirección elec-
trónica: aliciaavellana@yahoo.com.ar.
** Laura M. Kornfeld es doctora en Letras (Universidad de Buenos Aires, 2004) y se
desempeña como jefa de trabajos prácticos en la cátedra de Gramática de la Facultad
de Filosofía y Letras (UBA) y profesora adjunta en el área de ciencias del Lenguaje de
la Universidad Nacional de General Sarmiento. Desde 2006 es investigadora asisten-
te en el CONICET; ha investigado diversos temas de gramática, particularmente en
relación con la interfaz morfología-sintaxis y con la descripción sistemática del espa-
ñol de la Argentina. Dirección electrónica: lkornfel@ungs.edu.ar.

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legitimación de objetos lingüísticos que, por su naturaleza “híbrida”, “mezclada” o “impu-


ra”, no han recibido suficiente atención desde el punto de vista de la gramática.

PALABRAS CLAVE: español de la Argentina; contacto lingüístico; lenguas indígenas; ras-


gos y categorías funcionales; operaciones morfológicas; gramática generativa.

ABSTRACT

In this paper we offer an analysis of the main phenomena of grammatical variation


found in the Argentinian Spanish varieties in contact with three indigenous languages
(Guarani, Quechua and Toba), from the perspective of Generative Grammar. Our aim is
to show that the relevant grammatical variation can be explained by the influence of fea-
tures and categories of the indigenous language, as well as by morphological operations.
In this way, the data from Argentinian Spanish may contribute to the current theorethi-
cal discussion about the place of linguistic variation, along the lines of the research start-
ed in the 90’s within the Generative Grammar framework (Chomsky 1991, Halle &
Marantz 1993, Embick & Halle in press, among others). Furthermore, the demonstration
of variation conforming to a different grammar which is as perfect as the standard
Spanish one constitutes an advance in the legitimization of linguistic objects that have
not received enough attention from the grammatical studies because of its ‘hybrid’ or
‘mixed’nature.

KEYWORDS: Argentinian Spanish; linguistic contact; indigenous languages, features and


functional categories; morphological operations; Generative Grammar.

1. Introducción

En el presente trabajo nos proponemos analizar una serie de datos prove-


nientes del español de la Argentina en contacto con lenguas indígenas, que no
han sido estudiados sistemáticamente desde un punto de vista gramatical, aun-
que sí desde perspectivas dialectológicas, sociolingüísticas o etnopragmáticas.
Desde el punto de vista empírico, pretendemos mostrar que la variación con res-
pecto al español estándar que suponen esos datos es formalizable, es decir que
no se trata de errores más o menos ocasionales, sino que cada zona de contacto
supone una gramática diferente, en la que la lengua indígena tiene una influen-
cia decisiva. Desde el punto de vista teórico, esperamos contribuir a la actual dis-
cusión acerca de dónde está alojada la variación lingüística, continuando la
investigación iniciada en el marco de la gramática generativa en los años ‘90.
Tipológicamente, las lenguas cuya interacción con el español analizamos en
este artículo (i.e., guaraní, quechua, toba1) son todas lenguas aglutinantes, que
tienen morfología “rica” y son relativamente transparentes en relación con la

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segmentación de los morfemas. La riqueza morfológica (i.e., un promedio de 3,5


morfemas por palabra, según Katamba 1993) se concentra en el verbo: así, cate-
gorías como modo y aspecto tienen más valores que en español. Como resultado
de su morfología, las tres lenguas tienen un orden de palabras relativamente
libre, aunque presentan un orden distinto al español en una serie de construc-
ciones (por ejemplo, el guaraní y el quechua tienen posposiciones o, en el caso de
esta última, el objeto precede al verbo).
En cuanto a su situación sociolingüística, el guaraní es lengua de influencia
en las provincias de Misiones, Formosa, Chaco y Corrientes, donde ha sido decre-
tada lengua oficial. Sin embargo, al contrario de lo que ocurre en Paraguay
(donde el 90% de la población es hablante de guaraní contra el 70% de español),
prácticamente no se encuentran hablantes monolingües, excepto en las comuni-
dades indígenas.
El caso del quechua en la Argentina es muy distinto, en cuanto a vitalidad y
situación sociolingüística, al de países prácticamente bilingües como Ecuador,
Perú y Bolivia y se reduce a dos zonas de influencia. La primera zona compren-
de desde Jujuy hasta Catamarca, en la que no existen actualmente hablantes de
quechua autóctonos, sino que la situación de contacto es de tipo sustratística
(Granda 1999). La segunda zona de influencia se registra en el centro y norte de
Santiago del Estero, donde se reconoce un dialecto del quechua (“la quichua”),
hablado por aproximadamente 160.000 personas. Prácticamente no existen
monolingües de quichua, si bien muchos niños de la región quechuahablante se
encuentran en esta condición hasta el momento de entrar a la escuela.
En cuanto al toba (familia guaycurú), es hablado por aproximadamente
70.000 personas en la región denominada Gran Chaco (provincias de Chaco y
Formosa en la Argentina, Bolivia y Paraguay) y en asentamientos permanentes
en las grandes ciudades. En zonas rurales, las personas mayores y los niños en
edad preescolar suelen ser monolingües de toba; los adultos jóvenes generalmen-
te son bilingües, aunque su grado de bilingüismo varía según la escolarización o
la actividad laboral. En los asentamientos urbanos, se observa una mayoría de
hablantes bilingües y niños que adquieren el español como primera lengua
(Messineo 2003).
Es extremadamente complicado determinar cuántos son los hablantes de las
variedades del español de que nos ocupamos en este artículo. Sí resulta claro que
los hablantes del español influido por el quechua y el guaraní exceden amplia-
mente el número de hablantes de esas lenguas indígenas; en cambio, el toba ha
sido, por motivos históricos, demográficos y sociales, una lengua menos influyen-
te sobre el español de su región2.
Dentro de la gramática generativa, se considera actualmente que la varia-
ción se vincula con los elementos funcionales de las lenguas (cfr. Chomsky 1991,
Halle & Marantz 1993, Embick & Halle en prensa, entre otros), si se deja de lado
el orden de palabras dentro de las frases y, como fenómeno más superficial, el
léxico de la lengua. Así, cada lengua selecciona un subconjunto del inventario

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universal de categorías y rasgos funcionales, así como un subconjunto de las


posibles operaciones morfosintácticas (por ejemplo, la concordancia), mientras
que la sintaxis es universal.
Consecuentemente con estos postulados, trataremos de demostrar en este
artículo que la variación gramatical más relevante entre los distintos dialectos
del español en contacto se debe a la influencia de la lengua indígena en relación
con las categorías funcionales o las operaciones morfosintácticas. Esta influen-
cia se manifiesta, por ejemplo, cuando el español toma prestado un ítem fonoló-
gico de la lengua indígena. En general, pero no siempre, eso sucede cuando care-
ce de una determinada categoría o valor gramatical: así, el español en contacto
con guaraní adoptó, por ejemplo, el morfema nicó, que en guaraní implica ‘narra-
ción verosímil’ (Krivoshein & Acosta 2007: 101) y que se traduce aproximativa-
mente al español como ‘ciertamente’:

(1) a. Vo nicó sabé que te busco pa matáte [V: 422 I]


b. ¡Yo gané nicó la carrera! [V: 518 II]

Sin embargo, también es posible que el español reciba la influencia de las


categorías y rasgos funcionales en un nivel abstracto, sin tomar prestado ningún
ítem fonológico concreto de la lengua indígena. En este caso, se recurre a expre-
siones del español que dan forma superficial a rasgos o categorías de la lengua
indígena, que no existen o tienen distinto valor en español estándar. En la
siguiente sección, nos centramos precisamente en esos casos para exponer una
serie de fenómenos de variación en los distintos dialectos del español de contac-
to, que ordenamos a partir de las categorías funcionales con las que se vinculan
en el ámbito nominal, verbal u oracional3.

2. Categorías funcionales del ámbito nominal

2.1. Número

Todas las lenguas tienen número como categoría gramatical; el español


presenta los valores de singular y plural (con marcas morfológicas específicas
solo para el último), mientras que otras lenguas presentan más valores, como
dual o paucal. Por otra parte, el nombre español concuerda en número con
otros elementos dentro de la frase nominal y con la flexión verbal en el caso
del sujeto. Ese tipo de concordancia suele no darse, o ser opcional, entre las
lenguas estudiadas, como se refleja en los diversos dialectos del español de
contacto.
Por ejemplo, se observa en la zona quechua la tendencia a utilizar formas
invariables para los modificadores del sustantivo. El carácter generalmente no
obligatorio que en quechua tiene la concordancia de número (Granda 2001) se

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observa tanto en cuantificadores (2a) como en adjetivos (2b), y también entre el


sujeto y la flexión verbal (3)4:

(2) a. Había poco muchachos. [Gr1:68]


b. Esos son criminal (...) ¿qué no? [C]
(3) a. No va a quedar árboles en pie. [V:315 I]
b.Mis amigos no ha hecho eso. [Gr1: 68]

En el contacto con toba se observa también una falta de duplicación de la


marca de número tanto en el dominio nominal (4) como en el verbal (5). Esto ocu-
rre porque la concordancia es un fenómeno opcional y el plural no siempre se
representa por medio de un morfema en esta lengua.

(4) a. Hay muchas organización.


b. El grupos tribales.
(5) a. Todas las cosa es buena.
b. Mis hijos hoy tiene la posibilidad de...

En el contacto con guaraní, por su parte, ocurren también formas invariables


en número, que pueden atribuirse al hecho de que esta lengua o bien no especi-
fica el plural, o bien lo indica en el cuantificador, o por medio de un morfema
libre (kuera), que suele tomarse como préstamo (cfr. Krivoshein & Acosta 2007:
90-91). Por esto, el español en contacto con el guaraní no duplica la marca de
número ni en el dominio nominal (6) ni en el verbal (7):

(6) a. Ya se fue ya cansado que le cambien todo el tiempo los turno. [A: 134]
b. Su ropas tirada [L]
(7) a. Una vuelta él y el hijo me llegó en el taller y se armó. [A:142]
b. Entonce, le dijo los hermanos: mirá, no te vaye [V: 50 III]

Como muestran los ejemplos precedentes, sistemáticamente se elide la


marca de concordancia de plural (en cambio, nunca se da el caso contrario: que
se señale plural en contexto singular), en sintonía con el carácter no marcado del
singular en español.

2.2. Género

No todas las lenguas seleccionan género y, si lo hacen, pueden variar en


cuanto a los valores que seleccionan: el español es una lengua con dos géneros,
pero el fula y otras lenguas africanas llegan a más de veinte. Las lenguas se dife-
rencian también en relación con los elementos que presentan morfema de géne-
ro: una lengua puede marcarlo únicamente en el nombre o tener concordancia
solo con algunos de los elementos del sintagma nominal. Por eso, las propieda-

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des del género de la lengua indígena pueden influir de diversas maneras en el


español de contacto5.
En el caso del contacto guaraní-español (8) y quechua-español (9), la ausen-
cia de género gramatical en la lengua indígena genera incertidumbre en la con-
cordancia en español:

(8) a. Una chica así medio altita y flaco. [A: 142]


b. La patrona de ahora el que le dio garantía y compró. [A: 142]
(9) a. Acá digo bromas en quechua que son más graciosos [Lo: 56]
b. Salí mosca molesto. [V: 299 I]

En estos ejemplos, como señala Abadía de Quant (1996), la concordancia no


estándar involucra un modificador masculino empleado en donde corresponde-
ría utilizar uno femenino, lo cual muestra un uso por defecto de la forma mascu-
lina. Discordancias similares, tanto en posición atributiva (10a-b) como predica-
tiva (10c-d), se observan en el contacto con toba, lengua que —si bien presenta
marcación de género dentro de la frase nominal— difiere del español:

(10) a. Una persona violento.


b. La década mío.
c. La gente son cabezaduro.
d. La palabra toba no es correcto.

No obstante, como se observa en los ejemplos (11), en el contacto español-


toba se encuentran instancias de la situación inversa: la forma femenina se uti-
liza como forma por defecto:

(11) a. El error cometida.


b. Gustavo es la que sabe.
c. Cuando me ven vestida... (Ref: un hombre).

Esta situación puede vincularse con el hecho de que en toba el femenino es


en muchos contextos el género por defecto, ya que el masculino es el que presen-
ta la marca morfológica.
Asimismo, se observan en toba marcas de género sobregeneralizadas en íte-
mes que el español estándar no permite:

(12) a. Cualquiera persona.


b. Mi hija mayora.

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2.3. Cuantificación

La cuantificación sintáctica es un fenómeno que afecta distintos dominios:


adjetivo, verbal, nominal. En el caso del adjetivo, la cuantificación o gradación
puede ser realizada por una serie de adverbios, según la clasificación tradicional
(muy/ bastante/ demasiado/ un poco tonto) o por afijos apreciativos, como en
buenísimo, rebueno o superbueno. Hay menos acuerdo entre los gramáticos acer-
ca del estatuto de la cuantificación en los ámbitos verbal y nominal, si bien es
obvio que se trata de fenómenos estrechamente interrelacionados: así, los mis-
mos adverbios modifican a adjetivos, verbos o nombres (bastante/ demasiado/
un poco lindo; comió bastante/ demasiado/ un poco; bastante/ demasiada/ un
poco de arena).
Un ejemplo de la influencia de las lenguas indígenas en este aspecto grama-
tical ocurre en el contacto con el quechua, como se observa a continuación:

(13) Cincuentita; estito, ellita; nomasito, corriendito. [Li:4]

En este caso, no se trata exactamente de un fenómeno de transferencia, por-


que el diminutivo se utiliza también en español estándar, pero hay una amplia-
ción de su distribución a números, pronombres, adverbios, gerundios: se trata de
lo que Granda (1995) denomina “convergencia con ampliación distribucional”.
En estos ejemplos, el diminutivo que en español puede funcionar tanto de mane-
ra cuantificacional como apreciativa, se restringe a un uso afectivo y se extien-
de su distribución a distintas clases de palabras, como un reflejo de los sufijos
afectivos que se utilizan en quechua tanto con nombres como con verbos.
Por su parte, en el español en contacto con guaraní se da la utilización exten-
dida de grande, por analogía con el guaraní tuicha, que puede cuantificar espa-
cialmente a nombres contables, pero también se aplica a verbos:

(14) a. Se mejoró grande. [Ab: 215]


b. Llovió grande. [Ab: 215]

Un caso análogo de transferencia del guaraní al español en contacto es la uti-


lización de adverbios como más o demasiado como modificadores de otros cuan-
tificadores:

(15) a. Hay más mucho que hacer. [W]6


b. Cuanto más tiempo le das más poco tienes de posibilidad de ser feliz. [W]
(16) a. Demasiado mucho me reí de él. [W]
b. Le reté demasiado mucho. [W]

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2.4. Determinantes y pronombres

El determinante es la categoría funcional asociada al nombre, que agrega


referencia (definida o indefinida) a su complemento nominal. Bajo esta catego-
ría se unifican en la gramática generativa elementos que tradicionalmente se
mantenían separados, tales como artículos y adjetivos demostrativos o posesi-
vos. En este apartado se incluyen también los pronombres, que ya Bello analiza-
ba como variantes alomórficas de los determinantes.

2.4.1. Determinantes

Además de los casos mencionados de falta de concordancia entre determi-


nantes y nombres en número y género (cfr. (2), (4), (6), (8-11), supra), se registra
la tendencia a omitir el determinante cuando la lengua indígena no realiza la
categoría, tanto en quechua (17) como en guaraní (18):

(17) a. ¿Quién compra___difunto? [Gr1:67]


b. ¿Conocés___ cuero de piojo? [Gr1:67]
(18) a. Se prende por ___silla y queda paradito. [A:140]
b. Estoy enamorada de ___chico llamado Leandro. [L]

En cuanto a los posesivos, el español en contacto con quechua presenta


estructuras que son producto de la tranferencia de la estructura correspondien-
te en la lengua indígena. El posesivo aparece duplicado, lo cual es un reflejo de
la doble marca que utiliza el quechua para señalar a la tercera persona: el geni-
tivo -pa y la adjetivación de tercera persona (-n) (Godenzzi 1996):

(19) a. De mi padre su guitarra. [Lo:57]


b. Su primo de Vitu. [Lo:57]

En las zonas de contacto quechua (20a) y guaraní (20b-c) se da una acumu-


lación de demostrativos y cuantificadores con posesivos que está vedada en espa-
ñol estándar:

(20) a. Encontré a estas mis hijas en la calle. [Gr1:71]


b. Esa mi hija no vino aquí [A: 136]
c. Nos íbamo en la casa de otro mi hijo [A: 150]

Granda (2001) sostiene para (20a) que se trata de la retención de una


secuencia castellana arcaica, preservada en el español de esa zona debido al
orden de elementos del sintagma nominal quechua, donde es obligatoria la colo-
cación del demostrativo en primer lugar y del nombre en posición final. Abadía
de Quant (1996) nota sin embargo, para el caso del guaraní, que todos los usos

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“anómalos” de los posesivos se corresponden, sistemáticamente, con estructuras


existentes en esa lengua7. Esta acumulación de demostrativos y posesivos podría
atribuirse, entonces, a la existencia de estructuras posesivas inalienables expre-
sadas mediante afijos en las lenguas indígenas en cuestión8.

2.4.2. Pronombres “fuertes”

El guaraní, que posee un único morfema (nde) para señalar al interlocutor


(independientemente de si el trato es formal o informal), hace que los pronom-
bres y las desinencias verbales de las formas vos y usted alternen en el español
de la zona de contacto:

(21) a. Mire, no le puedo dar más que una chequera pero si venís... a ver... el vier-
nes, te doy otra pero no diga nada. [A:136]
b. (...) si...le dije pronto...pero señora, no entiende...usted sabe cómo él es...no
le interesa y sabe venir por acá cerquita...ya le conoce...a ver si podés
hacerle venir por nota. Yo le pido que si podés hacer hagas por lo que a
mí...no pone atención, vio? [Ab: 209]

Esta misma fluctuación se observa en las zonas de contacto toba (22a) y que-
chua (22b):

(22) a. Te vaciaste vos solo, porque lo que usted tenía, lo sacaste y lo tiraste por
allá.
b. Usted no me querés. [R: 175]

Otro fenómeno vinculado con los pronombres es la frecuente aparición de eso


en el español de Corrientes como resumidor invariable con el que el hablante cie-
rra la mención de personas, objetos o acciones. Se trataría de la contraparte
española del pronombre del guaraní umiva, que funciona con ese mismo valor de
“resumidor ya conocido” (Abadía de Quant 1996:216): ‘Susana y las compañeras
del grupo’ (23a); ‘revoca y otras cosas’ (23b):

(23) a. Susana eso retiraron las fotocopias. [Ab: 216]


b. Mire, guapo es porque solo revoca eso y bien hace. [Ab: 216]

2.4.3. Clíticos

Los pronombres débiles (clíticos) en posición de objeto dan lugar en el


español de contacto a distintos subsistemas según el rasgo que se considere
más relevante. Así, en algunos sistemas se destaca la distinción de caso, en
otros se prioriza el género y en otros interesa si el objeto es o no de persona.
Esto ocasiona diferencias microparamétricas entre las variedades, origina-

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das generalmente por alguna característica gramatical de la lengua indíge-


na de contacto.

2.4.3.1. Clíticos: género y caso

Una serie de fenómenos se vincula con la eliminación de la distinción de


género y número en los clíticos acusativos. Así, sucede en zona de influencia que-
chua; si bien la existencia del lo invariable puede relacionarse con la falta de
género en esa lengua, Lipski (1997) propone que este clítico se ha gramaticaliza-
do y constituye en verdad la contraparte de la partícula enclítica -ta que se apli-
ca sobre el objeto directo como marcador acusativo. Ello explica la abundancia
de duplicaciones que no serían correctas en español estándar, sin la a de perso-
na (cfr. Di Tullio & Zdrojewski en prensa), como en (24b-c):

(24) a. Lo va a comer a ella. [V: 81 I]


b. Así lo hace la trenza [Ac: 124]
c. Lo suelta las palomas cualquier cantidad. [Pa3:129]

La forma invariable en género lo para el acusativo se registra también en el


contacto español-toba (25) y español-guaraní (26), con la misma tendencia a la
duplicación sistemática:

(25) a. Lo veo una abuela.


b. Yo ya lo conocía las zapatillas esas.
(26) a. Se ha comprado una vaca en su época y lo va criando. [Pa3:131]
b. Lo vah a ver variah, variah mujereh. [Pa3:131]

En ambas zonas de contacto, también es frecuente que los tópicos se retomen


con un lo invariable:

(27) Esa historia, lo tengo escrito.


(28) a. La hierba por ejemplo lo hace mi padre en mi casa. [Pa3:131]
b. Esa chipa de la que te hablé, pues lo hacen de todo. [Pa3:131]

Otros fenómenos suponen la virtual eliminación de la distinción de caso. En


el área de influencia guaraní, hay un intenso “leísmo”, esto es, la extensión del
uso de le a acusativos masculinos y femeninos:

(29) a. Le vio llorando a la palomita. [V: 107 I]


b. A esta camisa le ensució lo pajarito. [A:139]

Palacios Alcaine (2000) señala que la forma le (con referente [+animado]) se


utiliza como forma única en el paradigma leísta, con la excepción del contexto

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acusativo femenino plural, para el que suele conservarse la forma las. Según la
autora, el sistema pronominal del guaraní es básicamente invariable y por eso
se prefiere en español la forma más invariable le (o, en su reemplazo, lo), sin dis-
tinciones de caso y género. En el español de Corrientes, se mantiene la distinción
numérica le/les, mientras que en el paraguayo se ha producido un sincretismo
también de número en la única forma le (Abadía de Quant 1996:217).
Por el contrario, si bien se han registrado también casos más o menos aisla-
dos de leísmo (30), el área de influencia quechua es esencialmente “loísta”, es
decir, extiende el pronombre acusativo a dativos masculinos y femeninos (31)9:

(30) a. Le invita a la comadre gallina. [V: 214 I]


b. Creo que por las riquezas le han muerto. [Ac: 124]
(31) a. Lo ha dicho al compadre que se tire en el suelo. [Ac:124]
b. Lo habló al perro. [V: 168 II]

Paredes (1996) señala que la partícula enclítica -ta se utiliza en quechua


también para indicar argumentos dativos, locativos y de meta, lo cual explicaría
la sobregeneralización del clítico lo a distintas estructuras del español. Además
de ejemplos como (31), este pronombre aparece también en otras estructuras,
tales como los clíticos acusativos “expletivos” de (32a) o los “acusativos de inte-
rés” de (32b-c) descriptos por Arce (2005), que se usan a menudo con verbos ina-
cusativos en Catamarca:

(32) a. ¿Ya se lo casó la María? [Pa3: 129]


b. Se me lo ha caído el bolso.
c. Se me la ha muerto la perra.

2.4.3.2. Omisión de clíticos y otros fenómenos no canónicos de realización

La omisión de objetos directos definidos es muy frecuente en zonas de con-


tacto, aun en contextos en que el español estándar no la admitiría. Esto se debe
a que las lenguas indígenas tienen menores restricciones sintácticas y semánti-
cas para los objetos nulos si se reponen contextualmente.
Por ejemplo, el guaraní admite objetos nulos definidos que también aparecen
en el español de contacto, con referentes [-animado] (a-b) y, con menor frecuen-
cia, [+ animado] (c):

(33) a. Maliciaba la desgracia, ___sentía. [Pa3:135]


b. Le preparé ya todos los informes y ___ dejé sobre su escritorio [Ab: 210]
c. Agarré al nene y ___llevé en la salita.[A:139]

Ejemplos similares se encuentran en zona de influencia quechua (34) y con


mucha menor frecuencia en el contacto con toba (35):

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(34) a. Ha agarrao su burrito, se ha acercao a la casa, ___ha dejado ahí. [Ac:128]


b. Y bueno, y de ahí qui dice,___llevan preso y le han dao la comida. [Ac:128]
(35) a. Ella encantadísima compró___. [=las zapatillas]
b. Después no ___ [=la] paró más nadie.10

Un fenómeno emparentado es la falta de doblado del objeto, en contextos que


resultan obligatorios en la variedad estándar, como la aparición de pronombres
personales acusativos y dativos (*Yo di un libro/ vi a vos/ él/ ella/ nosotros/
ustedes/ ellos). En zona de influencia guaraní, esta restricción desaparece con
frecuencia, tanto en objetos directos (36) como indirectos (37):

(36) a. ___malcría a él. [A:141]


b. La dotora ya ___avisó a nosotros. [A:141]
c. Mejor me fui por lo que ___odia a vos y a todos. [Ab:213]
(37) a. Ya no ___ mandó más a ella ni un quiniento (pesos) que sea. [Ab:214]
b. Él quiere... ___ dice a nosotro para vivir con...en casa...con ella... [Ab:214]

Por otra parte, es frecuente también la omisión de clíticos reasuntivos en


contextos de topicalización en los que en español estándar sería obligatorio,
como (38) para el contacto con toba y (39) para el guaraní:

(38) a. El fútbol, yo ___ conocí por la escuela.


b. Yo, la religión, ___ respeto un montón.
(39) El vestido de novia a lo mejor ___compra el novio,___compra la novia
[Pa3:135]

Por otra parte, en varias de las zonas estudiadas se registra también la omi-
sión del pronombre correferencial con el sujeto, como en los siguientes ejemplos
del contacto con toba:

(40) a. Nuestros ancestros no___ (=se) casan.


b. Parece que ___ (=se) me atraganta todo.
c. ___ (=nos) encontramos acá nomá.

Los mismos hablantes también producen el fenómeno inverso, es decir, la


presencia no estándar del clítico (41), así como su sustitución por otras formas
(42):

(41) a. Todos los familiares no tienen que mirarse para atrás.


b. Me sentí una alegría muy grande.
(42) a. Le va a enfermar.
b. Nosotros tenemos que cuidarse.

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ALICIA AVELLANA Y LAURA M. KORNFELD 37

En contacto con el guaraní, se da también la omisión del pronombre (43), su


inclusión en contextos no estándares (44) o su sustitución (45):

(43) a. No ___ queda sentado un minuto quieto. [A:142]


b. No ___ saques tu abrigo que te enfriás y tosés [A:145]
(44) El caballo de contento se daba vueltas alrededor de la plaza [V: 366 II]
(45) La parece a la hermana del papá [A:142]

Por su parte, Kany (1945: 133) registra también se por el reflexivo nos en
Catamarca y lo atribuye a la influencia del reflexivo invariable del quechua -ca;
lo mismo se observa en Santiago del Estero (46c):

(46) a. Se vamos.
b. ¿Qué se juntemos por siempre?
c. Mis hermanos y yo [...] se juntamos todos. [Lo:55]

Otros fenómenos involucran clíticos no argumentales; por ejemplo, en el con-


tacto con el guaraní se prefiere una construcción posesiva canónica (o con la pre-
posición por defecto por) en lugar de las variantes estándares con dativo posesi-
vo o ético: ‘se me murió el perrito’, ‘…para que no se le ahogue’, ‘ella me hace su
macumbería’:

(47) a. Se murió de mí mi perrito. [Li: 312]


b. La madre cuida a su hijo para que no se ahogue de ella. [Li: 312]
c. Ella hace por mí su macumbería. [W]

3. Categorías funcionales del ámbito verbal

3.1. Modo

El modo señala la actitud del hablante frente a su enunciado; esta definición


se restringe a aquellos valores que se encuentran gramaticalizados en el para-
digma verbal, para distinguir el modo de la modalidad, que afecta a toda la ora-
ción, aunque a menudo es difícil distinguirlos, sobre todo en el pasaje de una len-
gua a la otra11.
Entre los fenómenos de variación observados en el español en contacto con
lenguas indígenas, se cuenta el uso del pretérito pluscuamperfecto con valor
modal. En la zona quechua, el pluscuamperfecto puede transmitir un significa-
do “sorpresivo”, eminentemente modal (i.e., ‘No sabía que mi tío es un zonzo/Mi
tío resultó ser un zonzo’), y no temporal o aspectual como en español estándar:

(48) ‘Bía síu [=Había sido] zonzo, mi tío. [V: 253 I]

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38 VARIACIÓN LINGÜÍSTICA Y GRAMÁTICA

Para Cerrón Palomino (1996:110), este pasado sorpresivo es un calco del lla-
mado “pasado no experimentado” del quechua, marcado por el sufijo -sqa.
Un valor también modal, aunque distinto al “sorpresivo”, postula Herminia
Martín (1972) para el contraste entre pretérito indefinido y pluscuamperfecto en
español paceño (Bolivia), que supone la oposición conocimiento directo/conoci-
miento indirecto como rasgo relevante (49a), que se observa también en
Argentina (49b):

(49) a. -Sapir fue un gran lingüista.


-¿Cómo lo sabes?
-Los libros lo dicen.
-Entonces no puedes hablar así; debes decir: Sapir había sido un gran lin-
güista.
b. Y entonce si había hecho [=se hizo] el muerto, el tigre. [V: 255 I]

Hay coincidencia en atribuir esta distribución de los tiempos verbales al


intento por expresar los valores evidenciales del quechua “relacionados con la
verosimilitud de la información y con la fuente de conocimiento del mensaje”, en
términos de Palacios Alcaine (2006:9). Según la autora, ello determina el con-
traste entre pretérito perfecto simple y pretérito perfecto compuesto, que deno-
tan respectivamente el conocimiento directo por parte del hablante del mensaje
transmitido (50a) y su conocimiento indirecto, no personal (50b):

(50) a. El niño se cayó.


b. El niño se ha caído.

También es evidencial el valor del pluscuamperfecto en la zona de influencia


guaraní, donde se utiliza frecuentemente la fórmula fosilizada había sido que.
Aparentemente el pluscuamperfecto se identifica con el morfema guaraní ra’e,
que implica “el conocimiento que adquiere el hablante o su sorpresa al enterar-
se en un momento dado de la realización de una acción” (Krivoshein & Acosta
2007:101):

(51) a. Había sido que le dijiste a él. [G]


b. Había sido que hablaste con tu papá. [G]

Un modo alternativo de expresar la evidencialidad es a partir de expresiones


fosilizadas. Nardi (apud Albarracín, Tebes & Alderetes 2002:133) afirma que el
informativo del quechua -si se traduce por dicen que, dizque, se dice que, indican-
do que a quien habla no le consta la veracidad de lo transmitido, porque ha
adquirido indirectamente la información:

(52) Ande es monte, el tigre diz que había sido el rey de todos los animales. [V:254 I]

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Un fenómeno prácticamente idéntico se corrobora en zona de influencia guaraní:

(53) a. Después aparecen los sin tierra, dicen que, y con ellos los cuatreros. [Pa2:
812]
b. Tenía que ser secreto dice que, pero cuando... [Pa2: 812]

Según Palacios Alcaine (2003: 812), este dice/n (que) es una traducción lite-
ral de los morfemas guaraníes ndaje o je, que indican transmisión de una infor-
mación que el hablante no conoce de primera mano. En el caso de je se trata de
una partícula enclítica lo cual explica la posición del dice que, que contraría la
sintaxis “normal” del español.

Otro fenómeno de variación es la ausencia del modo subjuntivo, o su presen-


cia no estándar, en el contacto con lenguas indígenas que carecen de ese modo,
como se observa en el contacto con toba (54) y con quechua (55):

(54) a. Para que una persona puede salir adelante.


b. Para que puede continuar.
(55) a. Yo no creo que mi tío ha muerto. [V:283 I]
b. Y li ha preguntado cómo podría hacer él también para que haga [=para
hacer] lo mismo. [V:63 I]

El guaraní, por su parte, presenta un modo optativo que expresa, entre otras
cosas, la actitud desiderativa del hablante (Palacios Alcaine 1999: 65). Sin
embargo, su uso no se corresponde exactamente con la distribución del subjun-
tivo español y por eso se registra el reemplazo del subjuntivo por indicativo o por
un infinitivo encabezado por para (cfr. infra 4.2) o, al contrario, su uso incorrec-
to en la cláusula principal de las condicionales:

(56) a. Yo no creo que murió mi tía. [V: 420 I]


b. Le encargué para traer los libros. [B]
(57) El sistema bancario expandiera el crédito si pudiera deshacerse de ciertos
títulos. [W]

Un fenómeno distinto es la resemantización de adverbios del español con el


fin de expresar valores modales presentes en las lenguas indígenas. En el con-
tacto con guaraní, aparece lento como un modalizador (alternante con el ítem
guaraní nunga), parafraseable por ‘medio (que)’ o ‘casi (que)’, que indica que el
evento en cuestión no es absolutamente cierto:

(58) a. Un tatuaje lento. [W]


b. Carlos te pegó lento (te pegó nunga). [G]

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40 VARIACIÓN LINGÜÍSTICA Y GRAMÁTICA

Por su parte, se ha señalado que la amplia distribución de un poco como


modalizador del imperativo se debe a la existencia en guaraní de afijos modales
(mi, na) que expresan grados suavizados de una orden (ruego, consejo, etc.) y que
no tienen un equivalente en el sistema modal del español (Palacios Alcaine
1999:71):

(59) a. Traé un poco un libro. [BP: 52].


b. Vamos un poco a hacer algo normal. [W]

Otros autores notan que sí que funciona como correlato en español de la par-
tícula katu (un evidencial de certeza sin implicación personal) que puede enfati-
zar una afirmación, sin contraste (como en 60a) o una orden (60b):

(60) a. A mí sí que me dio un roperito de mala muerte. [W]


b. Ponete sí que tu camisa y vamos. [BP: 53].

Asimismo, los correlatos en español de voi (un evidencial con valor absoluto
de certeza, con implicación personal del hablante, según Granda 1997) son
luego/lóo en Paraguay y las provincias de Formosa y Misiones (cfr. 61) y pronto
en la provincia de Corrientes (cfr. 62). Como muestra (61b), luego y voi pueden
coexistir en una misma frase:

(61) a. Ndaje ella ya sabía luego que en su terna ganaría Chiche. [W]
b. Torres luego se decepcionoite voi porque su ídolo Lugo había sido que era
como Nicanor. [W]
(62) No importa pronto que ahora le vea a ella. [A: 153]

Un fenómeno similar sucede en el contacto con el quechua, donde siempre


funciona como correlato de -puni con valor certitudinal, con el significado ‘de
todas maneras’ (Cerrón Palomino 1996):

(63) Vas a venir siempre. [CP:118]

3.2. Aspecto

El aspecto señala la manera en que se presenta la acción: en su inicio, en su


transcurso, en su duración, en su punto culminante, etc. En español, el aspecto
está limitado, desde el punto de vista estrictamente morfológico, a la oposición
entre pretérito imperfecto y perfecto simple.
En el paradigma verbal, la aparición de elementos semánticamente liga-
dos con el aspecto se observa, por ejemplo, en ciertas perífrasis con gerundio
en la zona de influencia quechua. Granda (2001) señala casos como (64), que
no implican la simultaneidad de las dos acciones sino el pasado perfectivo o

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terminativo de la acción (i.e., ‘Ella vino después de haber comido’, ‘Lo dejé
escrito’):

(64) a. Ella a casa vino comiendo. [Lo: 58]


b. Lo dejé escribiendo.[Gr1: 66]

Otra estrategia es resemantizar ítems léxicos que tienen habitualmente fun-


ciones gramaticales distintas. Una excelente ilustración en la zona quechua es
el llamado “lo aspectual”. Se trata, según Cerrón Palomino (1992) de un caso de
“falsa pronominalización” que calca el quechua -rqu, que expresa —en determi-
nadas zonas— un proceso realizado de forma total, rápida y definitiva, con matiz
aspectual terminativo:

(65) a. Lo había fallecido/ lo vino otro padre/ lo llegaron a este pueblo [CP2]
b. Lo es oficio fácil/ lo parece como hombre [CP2]

Granda (1999) menciona que el sufijo -rqu también puede haber influido en
el español del noroeste argentino en algunos usos extendidos del ya, que también
tiene un matiz terminativo:

(66) a. Cuando ya le dejan coca a la Pachamama entonces larga la tropa. [Gr2:


116]

En el área guaranítica, por su parte, se utiliza todo con valor perfectivo, para
indicar la culminación de un determinado evento, que funciona como contrapar-
te del sufijo -pa/-mba (Palacios Alcaine 1999:67):

(67) a. Ya le preparé todo la mesa eso. [A:143]


b. Ensucia todo mis cosas. [Ab:216]

3.3. Tiempo

El tiempo ubica la acción con respecto al eje del momento de habla o de


un punto adicional de referencia. Al contrario de lo que sucede con el modo y
el aspecto, las lenguas indígenas no presentan mayor riqueza que el español
en relación con el tiempo, e, incluso, pueden tener una morfología temporal
comparativamente empobrecida, como en el caso del toba. En la zona de
influencia de esa lengua, que no marca tiempo en el verbo (aunque sí aspec-
to), se observa que en español aparecen verbos en presente que refieren al
pasado:

(68) a. Lo único que yo sé [=sabía] es “hola”.


b. Fui y están [=estaban] todas las madres.

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42 VARIACIÓN LINGÜÍSTICA Y GRAMÁTICA

Un caso particular de variación ocurre cuando el tiempo se aplica a una cate-


goría léxica “inesperada” para el español estándar. Así sucede con la preposición
para en el español en contacto con guaraní, que se combina con nombres para
señalar un objeto aún inexistente, futuro:

(69) a. Necesito para mi remedio. [Ab: 226]


b. Me iba a conseguir para mi trabajo como moza. [W]

En (69), para está desprovisto de su valor preposicional y se parafrasea como


un calco del morfema nominal del guaraní -rã que indica ‘futuro X’ o ‘X que toda-
vía no es’ (Palacios Alcaine 2006). La contraparte de este fenómeno es el présta-
mo kue, que se usa con nombres para designar objetos y lugares de un tiempo
pasado indeterminado (‘lo que era X’/ ‘lo que fue X’):

(70) a. Es la mujer kue...si ahora anda con otra ya. [A: 152]
b. Me fui en lo de mi patrón kue por lo que no tengo laburo. [A: 152]

3.4. Verbos copulativos

Los verbos copulativos se consideran elementos funcionales o semifunciona-


les, en la medida que aportan simplemente un soporte verbal para un predicado
de valor adjetivo o nominal (cfr. Di Tullio 2003). En el español en contacto suele
darse la omisión del verbo copulativo ser, que no tiene equivalente en varias len-
guas indígenas de la Argentina.
En guaraní, por ejemplo, no existe una expresión verbal equivalente al verbo
copulativo del español como morfema independiente y, en consecuencia, se omite
a menudo este elemento en el español de contacto (cfr. 71). Lo mismo se registra
en la zona quechua (72) y en el contacto con toba (73):

(71) a. No quiere quedar porque la madre de ella [ ] muy mala. [Ab:210]


b. Aquí vinimo hace mucho porque él [ ] un hombre grande ya. [Ab:210]
(72) a. Lo que hizo el zorro [ ] comérselos uno por uno. [V: 215 I]
(73) Y tiene que aceptar porque [somos] mayoría.

3.5. Preposiciones

Las preposiciones12 son consideradas categorías funcionales o semifunciona-


les, ya que aportan poco significado léxico o conceptual y se definen, más bien,
por su función gramatical.
En el español en contacto con quechua, aparece una marca redundante de
locativo en, que parece derivada de la forma quechua kaypi donde kay significa
‘esto’ y -pi es marca de locativo (Godenzzi 1996):

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(74) a. En aquí no vendemos eso. [Gr1:69]


b. Lo tengo guardado en dentro. [Gr1:69]

En el español en contacto con guaraní, por su parte, también se constata el


uso intensivo de en, aun con verbos que denotan movimiento. Esto podría deber-
se a que la posposición guaraní -pe corresponde tanto a los usos de en como a los
de a en español:

(75) a. Voy en Itatí. [Ab: 220]


b. Vino en el árbol un cuervo. [V: 487 II]

También se ha registrado la omisión de preposiciones en la zona quechua (76)


o el uso extendido de por como preposición por defecto en la zona guaraní (77).

(76) a. Yo también voy___ir. [Gr1:67]


b. Salió___el mismo camino. [Gr1:67]
(77) a. Se voló por un árbol el alonsito. [V: 130 I]
b. ¿Qué ticó dicen por mí la muchacha? [V: 479 III]

4. Categorías funcionales del ámbito oracional

4.1. Negación

La negación es una categoría funcional que afecta a toda la oración desde el


punto de vista semántico y sintáctico. En su uso en el español en contacto, se da
una serie de fenómenos particulares. Por ejemplo, en áreas de influencia que-
chua (78) y guaraní (79) la forma analítica también no es frecuente porque exis-
te una solución semejante en las lenguas indígenas:

(78) Yo también no voy a la escuela. [Gr1:70]


(79)Ella también no tiene lindo cuerpo. [W]

En ambas zonas de contacto aparecen otros fenómenos que involucran la


negación, como la repetición del no aunque haya una palabra negativa en posi-
ción inicial en guaraní (80) y quechua (81):

(80) Nadie no viene; nada no trae; ninguno no vino; nunca no viene; tampoco no
viene
(81) Nadie no vino hoy a mi casa. [Gr1:70]

Esta retención de la forma arcaizante de negación puede atribuirse a la espe-


cificidad de la regla del español estándar que distingue la aparición de elemen-

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44 VARIACIÓN LINGÜÍSTICA Y GRAMÁTICA

tos en la oración en función de su posición (i.e., nadie me vio/ no me vio nadie).


Por lo demás, en el español en contacto con guaraní, todavía es usado con
valor negativo, aun en ausencia de no:

(82) - ¿Ya lavaste la ropa?


- Todavía [P:107].

4.2. Complementante

Entre los elementos que modifican a la oración en su conjunto (agrupados


bajo la categoría de complementante en la gramática generativa) se cuentan
aquellos que definen su modalidad (imperativa o interrogativa, por ejemplo).
Cerrón Palomino (1996) registra en el contacto español-quechua la presencia de
pues como correlato del interrogativo -taq, que sustituye la entonación ascenden-
te por un elemento morfológico13:

(83) a. Quién pues vino.


b. Qué cosa pues compraste.

También corresponden al ámbito del complementante la coordinación de


constituyentes de idéntico valor jerárquico (núcleos, construcciones o proposicio-
nes) o la subordinación de una proposición a otra. Una de las características del
contacto quechua-español relacionada con la subordinación es la ausencia de
discurso indirecto, según nota Godenzzi (1996). Se recurre a la cita directa,
seguida por el verbo decir, procedimiento propio del quechua para enlazar ora-
ciones:

(84) a. Por eso nosotros tenemos tierra, habían dicho.


b. Y bueno, había dicho [=dijo]. [V: 338 III]

En zona quechua también se registra frecuentemente una estructura subor-


dinada qué diciendo/qué haciendo en lugar de un pronombre con función inte-
rrogativa: ‘¿Cómo te has roto el saco?’ para (a), ‘¿Por qué venís tan tarde?’ para
(b) (Granda 2001:68):

(85) a. ¿Qué haciendo te has roto el saco?


b. ¿Qué diciendo venís tan tarde?

En el noroeste argentino, en particular, se encuentran estructuras análogas,


pero con el orden inverso: diciendo qué te metés en lo que no te importa (Merma
Molina 2004: 202) o con el pronombre cómo (No sé cómo haciendo se enfermó la
señora, en Acuña 2004:129). Estos ejemplos del español calcan las estructuras
del quechua, utilizando el morfema de gerundio como equivalente total del sufi-

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jo -spa para indicar la relación de simultaneidad entre el verbo principal y el


subordinado.
Por su parte, en la zona de contacto guaraní se observa un orden inusual en
la ubicación del pronombre relativo, por influencia sea de la posición del elemen-
to enclítico que señala ese tipo de subordinación en guaraní (Krivoshein &
Acosta 2007:152), sea del ya mencionado morfema kue:

(86) a. Mi marido fue secretario de X, ministro que fue del general. [A:137]
b. Acompañó en el hospital al dotor Lope director que fue hasta hace poco.
[A:137]

En la misma zona se verifica también el uso de para/ para que como subor-
dinantes de construcciones objetivas con marca de futuro, que modifican los ver-
bos decir, prometer y pedir. Esas preposiciones, según Abadía de Quant (1996),
copian las funciones de la conjunción guaraní haguã, que encabeza tanto cons-
trucciones finales como objetivas:

(87) Promete para arreglar sí pero ya conocemos que al angau dice. [Ab:219]

En cuanto a la coordinación, Cerrón Palomino (1996: 108-111) ha registrado


usos de también, ya y todavía como coordinantes en el español en contacto con
quechua. Así, también establece una enumeración de entidades, o una serie de
eventos, actuando como un calco de la posposición quechua -pas (‘Han venido
Luis y Juan’; ‘Hemos sembrado papas y maíz’):

(88) a. Luis también, Juan también ha venido. [CP: 108]


b. Papa también, maíz también hemos sembrado. [CP: 108]

Por otro lado, todavía se usa para coordinar estructuras como un calco de la
posposición -raq, con un ligero matiz de reproche: ‘ya come, ya habla (cuando no
debería hacerlo)’, ‘anda enamorado ya de Juana, ya de Estela (cuando debía deci-
dirse por una de ellas)’.

(89) a. Come todavía, habla todavía. [CP: 110]


b. Con la Juana todavía, con la Estela todavía está. [CP: 110]

Por último, ya-también puede funcionar como calco de las partículas del que-
chua -ña y -taq, que conforman un nexo coordinante de carácter contrastivo:
‘Juan, por otro lado, trabaja’, ‘su mamá, por el contrario, es buena’:

(90) a. Juan ya-también trabaja. [CP: 110]


b. Su mamá ya-también es buena. [CP: 111]

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46 VARIACIÓN LINGÜÍSTICA Y GRAMÁTICA

5. Conclusiones

Halle & Marantz (1993) han propuesto que la gramática de una lengua par-
ticular es consecuencia de la selección de un subconjunto del inventario univer-
sal de rasgos y categorías formales, sumada a una serie de operaciones morfo-
sintácticas particulares, como la concordancia o los fenómenos de enclisis/ pro-
clisis. En el caso de los dialectos del español en zona de contacto revisados en
este trabajo, puede hablarse de gramáticas particulares diferenciadas del espa-
ñol estándar en la medida en que la influencia de las lenguas indígenas restrin-
ge o amplía el inventario de categorías y rasgos disponibles (por medio de fenó-
menos “abstractos” como los revisados en el trabajo o por medio de préstamos
relativos a las categorías funcionales, cfr. Introducción), así como las operaciones
morfológicas que se aplican.
Al contrario de los criollos “simplificados” que se derivan de un contacto más
o menos prolongado entre dos lenguas y en los que la primera generación de
hablantes nativos tiende a seleccionar las estructuras, las categorías y los valo-
res menos marcados dentro de las opciones universales (cfr. Bickerton 1984), los
dialectos del español en zona de contacto en la Argentina constan de una estruc-
tura funcional rica y completa. En efecto, hemos analizado fenómenos que supo-
nen un “empobrecimiento” de la gramática del español estándar (como la falta
de marca de tiempo en zona toba, ilustrada en los ejemplos de 68), pero también
otros fenómenos que suponen un evidente “enriquecimiento” del inventario de
rasgos funcionales disponibles, como en los varios valores modales tomados del
quechua o del guaraní (cfr. ejemplos 48-63). Un caso claro de complejización de
la gramática del español se da cuando una categoría funcional se aplica a una
categoría léxica “inesperada”, como en el caso de para y su “antónimo” guaraní
kue aplicados a nombres para indicar futuro y pasado, respectivamente (cfr. 69-
70). Esta reorganización en el sistema que provoca el contacto con otra lengua
genera, entonces, tanto la incorporación como la pérdida de rasgos y categorías
funcionales del español
Otra serie significativa de fenómenos de variación involucra las reglas mor-
fosintácticas, por ejemplo, en lo que hace a la concordancia o a la inserción de clí-
ticos. Así, encontramos opcionalidad en la aplicación de las reglas de concordan-
cia en género en el ámbito nominal en las tres lenguas (pero, mientras en la zona
toba el género por defecto es el femenino, lo contrario sucede bajo la influencia
quechua o guaraní, como muestran 8-12); para la inserción de los clíticos acusa-
tivo, dativo y reflexivo, por su parte, pueden reconstruirse una serie de reglas
alternativas a las del español estándar que dan prioridad a distintos rasgos for-
males (caso, rasgo ‘humano’, etc.). Esas reglas suponen la modificación de la gra-
mática en función de propiedades de la lengua indígena que se transfieren al
español, y no una mera simplificación, más allá de ciertas vacilaciones que cabe
atribuir al proceso de adquisición de una segunda lengua14.
Por último, la variación puede aparecer también en la expresión fonológica

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superficial de los ítems, como en el carácter enclítico que se atribuye en español


en contacto con guaraní al pronombre relativo que y a la fórmula dice/n que (cfr.
86 y 53 respectivamente) o en la posibilidad de omisión de determinantes, clíti-
cos o verbos copulativos (cfr. 17-18, 33-37, 71-73). En ambos casos resulta eviden-
te la influencia de la lengua respectiva sobre la gramática del español.
En suma, la visión de la gramática como un conjunto de rasgos y operacio-
nes formales seleccionadas de un inventario universal mayor permite concebir
las variedades marcadas desde el punto de vista geográfico, histórico o social
como producto de gramáticas formalmente tan perfectas como la del español
estándar. Más allá de las eventuales aplicaciones de nuestra investigación a la
enseñanza de la lengua (véase Lucas 2005, entre otros), creemos que el principal
interés de esta perspectiva reside en aportar argumentos gramaticales a la legi-
timación de objetos lingüísticos que, por su naturaleza “híbrida”, “mezclada” o
“impura”, no han recibido suficiente atención desde el punto de vista de la gra-
mática.

Notas
1 Por razones de espacio, hemos dejado de lado en este artículo el mapuche, si bien hemos
considerado sus datos en contraste con los de las lenguas aquí estudiadas en una ver-
sión más extensa que se encuentra en elaboración.
2 En tal sentido, cabe resaltar que en este trabajo presentamos datos propios del contac-
to español-toba que provienen todos de hablantes de español como segunda lengua.
Estos fueron extraídos de datos tomados en el campo así como de grabaciones que nos
fueron facilitadas por la Dra. C. Hecht, a quien le agradecemos por este material.
3 Por razones de espacio, no nos ocuparemos, en cambio, de los préstamos de elementos
funcionales, como (1), ni de las variaciones en el orden de palabras, ni de los préstamos
léxicos.
4 Por estrictas razones de espacio, no presentaremos en este trabajo las estructuras de
las lenguas indígenas con las que contrastamos los datos del español de contacto, si
bien consideramos que la inclusión de esa información enriquecería el análisis.
5 Obviamos aquí las incertidumbres en el género de palabras como la problema, la tema,
el costumbre, que se registran en las tres lenguas. Según Palacios Alcaine (2006), se
deben a la ausencia de marcadores gramaticales obligatorios de género en el quechua
y en el aimara; sin embargo, lo mismo sucede en el contacto con toba —lengua que sí
presenta marcas de género— y también en la mayor parte de los procesos de adquisi-
ción de español como segunda lengua.
6 La marca [W] indica que el ejemplo ha sido tomado de la web. El resto de las abrevia-
turas usadas en los ejemplos remiten a la bibliografía.
7 Esta tendencia a considerar los fenómenos dialectales de español en contacto como
retenciones arcaicas se observa también en Kany (1945). A lo largo de este trabajo exis-
ten numerosos datos que pueden atribuirse al español arcaico; sin embargo, creemos
que a menudo es la lengua indígena la que lleva a retener la estructura descartada en
el resto del mundo hispanoparlante.

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8 Agradecemos esta observación a un corrector anónimo de nuestro trabajo.


9 Palacios Alcaine (2000) afirma que el loísmo también se encuentra en el área guaraní,
especialmente en hablantes de sociolecto medio bajo. Sin embargo, de todos los ejem-
plos que proporciona, solo (i) es legítimo, ya que el resto corresponde a casos de acusa-
tivo invariable como los de (26) o (28):
(i) lo sacan fotoh [Pa3:130].
En Corrientes se registran también algunos pocos casos de loísmo:
(ii) Y el mono lo hablaba al tigre. [V:537 I]
10 En esta zona se registra también la situación contraria a la omisión, es decir, una pre-

sencia duplicada del clítico que no es propia del español estándar: Me pueden ayudar-
me; recién le podemos decirle qué es lo que significaba, al igual que en el contacto que-
chua: No lo quería despertarlo [V: 290 I].
11 Por esa causa, algunos fenómenos que figuran sistematizados aquí podrían ser descrip-

tos también en relación con el ámbito oracional.


12 Incluimos esta clase dentro del ámbito verbal porque la mayoría de los argumentos y

de los adjuntos del predicado suelen estar encabezados por preposiciones.


13 El mismo fenómeno se observa en la zona guaraní, solo que por medio de préstamos: las

partículas interrogativas pa y pikó/ ikó (ticó en Corrientes) son empleadas para refor-
zar la interrogación (cfr. Abadía de Quant 2000: 152) y, en muchas ocasiones, reempla-
zan la entonación estándar (ascendente) de la pregunta en español:
(i) a. ¿Qué, pa, queré que te haga, chamigo? [V: 479 III]
b. ¿Vo pa creé que te va a salvá? [V: 422 I]
c. ¡Decile qué pa le importa! [V: 130 I]
d. Te viniste pikó sola [A: 152]
e. ¿Qué ticó me va a hacé el tigre? [V: 422 I]
14 No descartamos, por supuesto, que entre los datos que aquí presentamos haya algún

fenómeno propio de la adquisición del español como segunda lengua y, en consecuencia,


no ocasionado por el contacto con la lengua indígena; sin embargo, los fenómenos que
ilustramos no son ocasionales, sino consistentes todos en su frecuencia de aparición y,
como hemos tratado de mostrar, se rigen por una gramática predecible.

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