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Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Filosofía
Preseminario Descartes
Profesora: Anna María Brigante
Estudiante: Carlos Palacio Páez
7 de febrero de 2018

RELATORÍA DE LA PRIMERA PARTE DEL “DISCURSO DEL


MÉTODO”, DE RENÉ DESCARTES

Introducción
El presente texto pretende hacer una exposición de los puntos principales que aborda
René Descartes en la Primera parte de su “Discurso del método”. Para realizar esta
exposición he decidido, a su vez, dividir la primera parte del Discurso en cuatro (4), con el
fin de realizar una presentación esquemática del texto que permita un desarrollo más claro y
ordenado de las posibles interpretaciones.

De este modo, las cinco partes, y sus respectivas discriminaciones son las siguientes:

 Parte 1: Definición del “buen sentido”.


 Parte 2: Las “orientaciones” o caminos que suscitan el surgimiento del
“método”.
 Parte 3: Presentación de la vida académica y las ciencias.
 Parte 4: Refutación a la vida académica y a las ciencias.

Ahora, me dedicaré a exponer, siguiendo el orden de la anterior estructura, los


principales puntos de cada una de las partes.
Parte 1. Definición del “buen sentido”
La primera luz que nos da Descartes sobre el llamado “buen sentido” es hacerlo
sinónimo de “razón”. Y sobre este concepto, lo que nos dice es que es “por naturaleza igual
en todos los hombres” (AT, VI, 2). Es decir, nadie estaría más dotado de “razón” que los
demás y, en ese sentido, todos tendríamos la misma capacidad de dirigir nuestro “buen
sentido” hacia la búsqueda de la verdad.

Hay que entender entonces que la capacidad de hacer no necesariamente está


condicionada a que en realidad se realice. Un ejemplo de esto es la diversidad de opiniones
que, frente a un tema, puede generarse. Al encontrarnos frente a opiniones divergentes,
debemos pensar que tan sólo una puede ser verdadera. En ese sentido, lo que nos dice
Descartes es que ese error del pensamiento, por así llamar a las opiniones que pueden no ser
verdaderas, “no se origina porque unos hombres posean más razón que otros, sino que
proviene solamente del hecho de que conducimos nuestras reflexiones por distintas vías y no
examinamos atentamente las mismas cosas” (AT, VI, 2 énfasis mío). Continúa entonces con
que “no es suficiente, pues, poseer un buen ingenio, sino que lo principal es aplicarlo
correctamente” (AT, VI, 2). Sobre este punto del “buen ingenio”, ¿es posible indagar
entonces sobre si existe un “mal ingenio”? Se introduce entonces la idea de las “vías” con las
que se pretende entonces dirigir la razón en busca de la verdad.

Sobre la definición de “buen sentido” o “razón”, debe también tenerse en cuenta que
Descartes hace la distinción de esta característica como “la única propiedad que nos hace
hombres y nos distingue de los animales” (AT, VI, 2). En ese sentido, la razón es equitativa
para todos los hombres pues la condición que nos hace humanos. Esa “razón”, como
característica natural e innata, es la que se entendería como las “formas o naturalezas de los
individuos” (AT, VI, 3), que más adelante menciona Descartes.

Parte 2. Las “orientaciones” o caminos que suscitan el


surgimiento del “método”
En esta segunda parte, entendido ya que la “razón” es igual para todos los hombres,
Descartes introduce que lo que sí puede hacer es “acrecentar” el nivel de conocimiento que
se tiene. Es un punto de conexión para empezar a hablar de su educación en la infancia y en
la juventud, pero es importante separarla para reconocer la finalidad con la que él desarrolla
el “discurso”. Lo que nos dice es que nos va a exponer “las orientaciones que he seguido,
presentando mi vida como en un cuadro con la finalidad de que todos puedan juzgar”. Así,
introduce que “no es su deseo enseñar en este tratado el método que cada persona debe seguir
para dirigir adecuadamente su razón; únicamente, intento presentar cómo me he esforzado
en dirigir la mía” (AT, VI, 3). Nos presenta entonces, con este gesto de humildad (¿o
modestia?) la posible dimensión de error en la que puede estar situado su método, pues, líneas
antes lo menciona: “conozco nuestra propensión a equivocarnos”.

Parte 3. Presentación de la vida académica y las ciencias


Esta tercera parte, junto a la cuarta, funcionan a manera de contrapunto. Es decir, lo
que la tercera afirma, luego la cuarta lo niega, o mejor, lo actualiza, frente a su verdadera
posición. En esta parte, realiza entonces una “deconstrucción” de su educación infantil, por
categorías que vendrían siendo las “ciencias estudiadas”, durante su época del estudio de “las
letras”, y, así mismo, la utilidad que le veía a cada una de ellas.

En ese sentido, las discrimina así:

 Las lenguas, de las que reconocía su importancia para conocer obras de la


antigüedad.
 Las fábulas, las apreciaba por su “graciosa elegancia” que “excita el ingenio”.
 La historia, que sus memorables acciones, “leídas con discreción contribuyen
a la formación del juicio”. 1
 La elocuencia (o retórica), con su belleza y capacidad de seducción.
 La poesía, que con su “suave dulzura” puede engendrar entusiasmo”.
 Las matemáticas, que facilitan las “artes mecánicas” y “disminuir el trabajo
de los hombres”, así como “satisfacer a los curiosos”, simplemente.
 Los escritos de costumbres, que “contienen múltiples enseñanzas y
abundantes exhortaciones a la virtud que son de gran utilidad”.
 La teología, “que enseña la doctrina para alcanzar el cielo”

1
En este sentido, es interesante ver cómo la historia puede ayudar a formar el juicio. Lo que haría la
discriminación entre juicio y razón.
 Y, la filosofía, que “ofrece el medio que nos permite hablar con verosimilitud
de todas las cosas”
(AT, VI, 5-6)

Parte 4. Refutación a la vida académica y a las ciencias


En esta parte, como lo dije antes, Descartes hace una negación, o una actualización,
de lo que acaba de señalar sobre las ciencias que estudió en su infancia, de la siguiente
manera:

 Considera, primero, que ya le había dedicado mucho tiempo al estudio de las


lenguas y de obras antiguas.
 Sobre la historia, considera que andar leyendo mucho las hazañas del pasado,
puede llevarlo a “ignorar lo que acontece en el momento presente”.
 Sobre las fábulas, dice que “suscitan la imaginación de sucesos posibles,
cuando en realidad no lo son. Y pueden llevar a los hombres a caer en
“extravagancias” o a “concebir proyectos que son superiores a sus fuerzas”.
 Sobre la retórica y la poesía, las seguía admirando, pero las veía como
cualidades del “ingenio”, que, si lo relacionamos con la noción de “razón”, la
entendemos como natural e innata del ser humano (¿Es decir, se nace para
retórico y poeta, no se aprende?)
 Sobre las matemáticas, considera que le continuaban dando deleite por su
“certeza y evidencia”; sin embargo, le resultaba extraño que no se
profundizara más en ellas, para construir algo más “destacado”.
 Sobre la teología, dice que no es necesaria estudiarse, pues la ignorancia de
los caminos no hace más difícil merecer el cielo.
 Y, sobre la filosofía, nada opina. Tan solo señala que le llama la atención que
“había sido cultivada por los ingenios más destacados” y que aún se discute
sobre todas sus cuestiones.
(AT, VI, 6-8)
Finalmente, nos cuenta como decidió abandonar la forma de estudio de las letras y
emprender un recorrido de viaje, para conocer cortes y ejércitos, tratar con diversas personas,
coleccionar experiencias y aprovechar el tiempo para reflexionar sobre ellas. (AT, VI, 9).

Concluye entonces: “tomé un día la resolución de analizar todo según mi razón y de


emplear todas las fuerzas de mi ingenio en seleccionar los caminos que debía seguir” (AT,
VI, 10)

Referencia

Descartes, René. Discurso del método Alfaguara, Madrid, 1987.