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¡Joder! ¡Maldito bastardo!

Este Hugo va a acabar conmigo de un disgusto.

¡Oh, Jacqueline! ¡Mi dulce Jacqueline! Maldigo el día en que lo recogiste de la puerta del
internado, hace ya 18 años. Desde entonces, todo han sido problemas.

¡Oh, Jacqueline! ¡Mi querida Jacqueline! Perdóname, cariño. Creo que debí haberte contado
entonces el terrible secreto que me guardaba para mí. Y es que... después de que el médico
nos dijera que no podíamos tener hijos, estabas desolada, deprimida, completamente afligida.
Yo no podía verte así... ¡me partía el corazón por dentro!

Por eso, días antes de que encontraras a Hugo a las puertas del internado, fui a ver a una
hechicera, y le pedí... le pedí que me concediera todas las riquezas del mundo, tantas como
hicieran falta para hacerte feliz...

¡Oh, Jacqueline! ¡Mi pequeña Jacqueline! ¡Mi pobre Jacqueline! La hechicera me concedió mi
deseo, pero me puso una condición... y es que jamás podría amar a nadie más que a ti, de lo
contrario mi fortuna dejaría de crecer y caería en la pobreza. Y entonces, para controlarme...
para que nunca olvidara esta maldición... me regaló... ¡este objeto del demonio!

¡Oh, reloj! ¡Sí, tú, reloj de relojes! Tú que señalas el implacable transcurrir del tiempo, tú que
marcas las horas con tus suaves y finos bigotes...

¡Oh, Jacqueline! ¡Mi esposa amada! (beso) La hechicera me explicó que mientras este reloj
siguiera funcionando, mi riqueza no dejaría de crecer. Pero si en algún momento empezaba a
amar de nuevo, entonces sus manecillas irían cada vez más despacio, y cuando se detuvieran,
perdería toda mi fortuna.

Desde entonces, yo, y solo yo, puede escuchar las manecillas de este reloj en mi cabeza, esté
donde esté... tic, tac, tic, tac... como una sutil y velada amenaza... tic, tac, tic, tac... Pero eso,
¡eso! ¡Eso jamás pasará! Porque yo reloj, siempre te cuidaré. (Nariz contra nariz)