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Historia del Ejército Argentino

Artículo principal: Ejército Argentino


La Historia del Ejército Argentino se remonta a los últimos años del Virreinato del Río
de la Plata, cuando las primitivas formaciones militares coloniales se vieron enfrentadas a
las Invasiones Inglesas a Buenos Aires en 1806 y 1807. Éstas fueron repelidas gracias a la
formación de milicias, que serían la base del futuro Ejército Argentino.

Soldado de los Dragones de la Frontera, alrdedor de 1718.

Suboficial del Ejército Argentino en la actualidad.


Oficialmente, la fundación del Ejército Argentino data de un decreto de la Primera Junta,
inmediatamente posterior a la Revolución de Mayo. A partir de ese momento, el Ejército
Argentino participó en la Guerra de Independencia, antes de verse virtualmente disuelto por
causa de las guerras civiles.
Esporádicamente volvió a formarse un ejército nacional durante la Guerra del Brasil y
laGuerra contra la Confederación Perú-Boliviana, pero durante más de medio siglo fue
reemplazado por ejércitos y milicias provinciales. Durante las presidencias
de Urquiza yMitre se intentó volver a reorganizar un ejército nacional, pero el mismo no
pasó del papel.
La organización definitiva del Ejército Argentino se debió, según lo entiende la mayor parte
de los historiadores, a la Guerra del Paraguay, que permitió la formación de un ejército
permanente. Fue ese ejército nacionalizado el que permitió aplastar las últimas rebeliones
internas en la década de 1870 y las revoluciones radicales de finales del siglo XIX, así
como también lograr la definitiva Conquista del Desierto y del Chaco.
La profesionalización definitiva del Ejército – simbolizada en gran medida por el servicio
militar obligatorio de la población masculina – se logró a principios del siglo XX. Durante
más de cien años, el Ejército no debió enfrentar enemigos exteriores y sus objetivos
comenzaron a confundirse con acciones políticas interiores. El Ejército profesional
comenzó a politizarse nuevamente y lideró sucesivos golpes de estado a lo largo de
aproximadamente medio siglo, entre 1930 y 1976.
Desde mediados del siglo XX, el Ejército lideró la lucha contra movimientos armados de
izquierda y peronistas, derivando paulatinamente en la persecución sangrienta de toda
oposición – en la llamada guerra sucia – llevada a cabo por la última dictadura (1976 –
1983). La oposición creciente a ésta llevó al gobierno a intentar recuperar su prestigio con
una aventura militar, la Guerra de las Malvinas. El rápido fracaso de las Fuerzas Armadas
destruyó el prestigio político del Ejército en forma definitiva.
Tras el regreso definitivo de la democracia, el Ejército ha buscado una nueva razón de ser,
especialmente tras el final de la Guerra Fría. En parte la ha encontrado en las misiones
humanitarias guiadas por la Organización de las Naciones Unidas en diversos países del
mundo, que le permiten modernizarse y mantenerse activo, sin participar en el proceso
político interno ni lanzarse a aventuras militares contra otros países.

Época colonial y virreinal[editar]


Artículo principal: Unidades militares del Virreinato del Río de la Plata
Durante el tiempo en que las provincias argentinas formaban parte del Virreinato del Perú,
las guarniciones militares de las distintas gobernaciones estaban muy escasamente dotadas
en lo militar. Para la defensa contra los ataques indígenas debían contar casi
exclusivamente con los aportes voluntarios de los pobladores. Algunas ciudades,
como Buenos Aires, capital de la Gobernación del Río de la Plata tenían reducidas
guarniciones militares, destinadas a la defensa contra ataques extranjeros.
Desde 1680 en adelante, la corona española se esforzó por aumentar la dotación de Buenos
Aires y su gobernación para defenderla de la amenaza que representaba la fundación por
parte de Portugal de la Colonia del Sacramento, ubicada en la margen norte del Río de la
Plata. Ese esfuerzo fue en aumento en los años siguientes, y con fuerzas venidas de la
Península se fundó la ciudad de Montevideo.
Bajo el gobierno de José de Andonaegui se formó un cuerpo de caballería para la defensa
de la frontera indígena, losBlandengues de Buenos Aires, que defendían distintos puntos
del interior de la provincia de Buenos Aires;1 a ellos que se unirían posteriormente cuerpos
similares en Santa Fe y Montevideo. Otros cuerpos especializados en la defensa contra los
indígenas, especialmente de la región chaqueña, eran los Partidarios de la Frontera, cuerpo
de milicianos a sueldo.2
El gobernador Pedro de Cevallos reforzó la guarnición con la llegada de más de 600
hombres, con los que intentó la conquista de Colonia. En 1764, el mismo Cevallos creó
el Regimiento Fijo de Buenos Aires, un cuerpo de infantería permanente en su mayoría
conformado por criollos, que gozaban de los mismos beneficios y privilegios que los
soldados españoles.3 El regimiento fue aumentado con sucesivas incorporaciones de fuerzas
venidas desde España.4 Pese a que su nombre indicaría que era un regimiento que debería
permanecer fijo en la capital de la gobernación, en años posteriores tuvo guarniciones
destacadas en Montevideo, la Fortaleza de Santa Teresa, en Córdoba, Santa
Fe,Maldonado, Islas Malvinas e isla Martín García.
En 1770 se creó el Regimiento de Dragones de Buenos Aires, también llamado Regimiento
Fijo de Caballería. Poco después se creó el Real Cuerpo de Artillería. 5 A principios
de 1771, la guarnición veterana de Buenos Aires contaba con un total de 3.151 hombres:6
En 1776 el ex gobernador Cevallos conquistó a Portugal la isla de Santa Catalina y Colonia
del Sacramento, aunque fue obligado a devolver la primera por la paz de San
Ildefonso.7 Traía consigo el nombramiento de primer virrey del Virreinato del Río de la
Plata con capital en Buenos Aires, a cuya guarnición agregó más de mil efectivos.8
En los años siguientes, las fuerzas virreinales tuvieron una actuación marginal en las
campañas en que fueron aplastadas las revoluciones de Túpac Amaru II en el Perú y
de Túpac Catari en el Alto Perú.9 En 1801 tuvieron una actuación poco destacada ante la
ocupación portuguesa de las Misiones Orientales por parte de Portugal.10
Las innovaciones más destacadas de los años del virreinato estuvieron relacionadas con la
organización jerárquica del Ejército, con el Virrey como comandante nominal, reemplazado
en el control inmediato de las fuerzas militares por un Inspector General del Ejército, y un
Comandante General de la Frontera para la prevención de ataques indígenas. En 1801 se
produjo una profunda reorganización de las milicias, dirigida por el Inspector de
Armas Rafael de Sobremonte.11

Invasiones Inglesas[editar]
Artículo principal: Invasiones Inglesas
Ante la inminencia de una invasión inglesa, el virrey Rafael de Sobremonte pidió urgente
ayuda a España, que rechazó su pedido. Suponiendo que los británicos intentarían ocupar
Montevideo – porque era un mejor puerto y una ciudad amurallada – envió hacia esa ciudad
las escasas fuerzas veteranas de Buenos Aires.
El 25 de junio de 1806, se inició la Primera Invasión Inglesa, cuando 1.600 ingleses,
comandados por William Carr Beresford, desembarcaron en la zona de Quilmes (Buenos
Aires). El intento de defensa a cargo del teniente coronel con 500 hombres fue rápidamente
disuelto por la superioridad aplastante en armamento y táctica de los invasores. También
fracasó el intento de defender la línea del Riachuelo pergreñada por el virrey Sobremonte,
que viendo eso se dio a la fuga hacia Córdoba. La ciudad de Buenos Aires fue ocupada sin
mayor resistencia por una tropa notoriamente exigua, dejando en evidencia la incapacidad
del Imperio Español para defender sus colonias.
En secreto se formaron un conjunto de fuerzas milicianas en los alrededores de la ciudad,
donde se unieron a los Blandengues de las cercanías, bajo el mando de Juan Martín de
Pueyrredón. Mientras tanto, las fuerzas apostadas en Montevideo fueron conducidas hasta
la capital por el coronel Santiago de Liniers, que desembarcó en San Isidro con 1.600
hombres. Allí se reunió a las fuerzas de Pueyrredón y otros voluntarios, con los que inició
la marcha sobre Buenos Aires. Tras ser rechazada su intimación, obtuvo una completa
victoria el 12 de agosto en el centro de la ciudad, en el hecho conocido históricamente
como Reconquista de Buenos Aires, causando 417 muertos y tomando 1.200 prisioneros a
los británicos, incluido el gobernador Beresford.
Formación de las milicias[editar]
El virrey Sobremonte debió delegar el mando militar y político en Liniers, que se abocó a la
formación de milicias locales. Una Junta de guerra convocó al pueblo a alistarse al ejército
en cuerpos separados según su provincia y lugar de origen. Hacia fin de año, se habían
enrolado más de 7.000 hombres,12 divididos en los cuerpos de:13

 Caballería: formado por Cazadores, Migueletes, Carabineros de Carlos IV, Escuadrón


de Labradores y tres escuadras de Húsares.

 Infantería: formado por Patricios (el regimiento más grande, dividido en tres
batallones), Catalanes, Cazadores Correntinos, Montañeses (o Cántabros), Vizcaínos y
Asturianos, Pardos y Morenos, Gallegos, Andaluces, Arribeños yGranaderos.

 Artillería: formado por Milicias Provinciales, Maestranza, Morenos, Patriotas de la


Unión, Indios y Pardos.
Cada uno de estos cuerpos elegían a sus oficiales y estaba formado por voluntarios a
sueldo. También se formaron cuerpos milicianos en Córdoba, Paraguay14 15 y
Montevideo.16
Véase también: Milicias creadas en Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas
Segunda Invasión Inglesa[editar]
En enero de 1807, tropas británicas – originalmente destinadas a reforzar a la guarnición de
Beresford – desembarcaron en la Banda Oriental y el 3 de febrero ocuparon Montevideo.
La ineficacia mostrada por Sobremonte en la defensa de esa ciudad llevó a su deposición
por el cabildo, reemplazado interinamente por Liniers – que sería nombrado posteriormente
virrey titular. No obstante el carácter revolucionario de este acto, las milicias no tuvieron
parte en el mismo.
El 28 de junio, los británicos desembarcaron en Ensenada, desde donde avanzaron hacia
Buenos Aires, al mando del general John Whitelocke. Éste esquivó primeramente la pésima
posición defensiva de Liniers, para luego derrotarlo en elCombate de Miserere, del 2 de
julio, que puso en evidencia la insuficiente preparación del ejército de milicias porteñas. No
obstante, Whitelocke tardó 3 días en iniciar el ataque sobre la ciudad, dándole tiempo para
preparar la defensa con barricadas y trincheras. Contra éstas chocó el ataque de los
invasores, que perdieron 2.500 hombres contra 302 muertos y 514 heridos locales.
Whitelocke terminó por rendirse, obligándose a devolver también Montevideo y Colonia.
Las milicias locales habían demostrado su utilidad y adquirieron una notable autonomía
política, especialmente a través de su héroe, el virrey Liniers.
Reorganización[editar]
Una revolución organizada contra el gobierno de Liniers obtuvo el apoyo armado de varias
unidades milicianas, casi todas ellas de extracción peninsular. El rápido agotamiento de la
asonada llevó a la disolución de los cuerpos de Gallegos, Vizcaínos y Catalanes.
Después de la invasión francesa a España, el virrey Liniers fue suplantado por Baltasar
Hidalgo de Cisneros, que reorganizó completamente los cuerpos militares, reemplazando
los nombres de los mismos por una numeración del Nº 1 al Nº 6,17 aunque los nombres
antiguos siguieron usándose.18
Parte de esas tropas fueron enviadas a aplastar la Revolución de Chuquisaca a fines
de 1809.19 Aunque no llegaron a entrar en combate – permanecieron allí, donde se
incorporarían a los ejércitos realistas,20 excepto algunos que serían incorporados a los
ejércitos patrios en 1811.

Patricios - 1806.

Arribeños - 1806.

Cantabros o Montañeses - 1807.

Andaluces - 1806.

Artilleros - 1806.

Husares del Rey - 1806.

Primeras Campañas de Independencia[editar]


Artículo principal: Guerra de Independencia de la Argentina
Revolución de Mayo[editar]
Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta.
El súbito contacto con los conflictos políticos europeos y la influencia ideológica de
laIlustración generaron una actividad política creciente en los años que siguieron a las
invasiones inglesas. El exitoso rechazo de dos poderosas invasiones sin ayuda externa
hicieron que la población local, especialmente de Buenos Aires, adquiriera un alto grado de
conciencia política.21
A partir de 1808, mientras en la metrópoli tenía lugar la guerra contra la invasión francesa,
el virreinato permaneció fiel a la autoridad de la Junta Suprema Central, que gobernaba en
España en nombre del depuesto rey Fernando VII, que permanecía prisionero en Francia.
A mediados del mes de mayo de 1810, la llegada de la noticia de que casi toda España
había caído en manos de los ejércitos de Napoleón Bonaparte – y de la disolución de la
Junta Suprema – las discusiones políticas y causó el estallido de la Revolución de Mayo en
Buenos Aires. Los revolucionarios esperaron a que los jefes de los regimientos se
decidieran por la Revolución, y ésta sólo se hizo con su anuencia; el jefe del Regimiento de
Patricios – el más importante numéricamente – Cornelio Saavedra, asumió la presidencia
de la Primera Junta, junto con el cargo de Comandante General de Armas.21
Dado que la Junta pretendía imponer su autoridad sobre todo el Virreinato como sucesora
legítima del virrey, el 27 de mayo envió una circular a las principales ciudades del
virreinato en la que se les exigía acatamiento y se solicitaba el envío a la capital de un
diputado por cada ciudad.22 También anunciaba que enviaría "una expedición de 500
hombres para lo interior con el fin de proporcionar auxilios militares para hacer observar
el orden, si se teme que sin él no se harían libre y honradamente las elecciones de vocales
diputados."23 En consecuencia, el 28 de mayo la Junta creó el Departamento de Gobierno y
Guerra, siendo designado Mariano Moreno como su director, y al día siguiente ordenó una
reorganización general de las fuerzas de la capital:24
"(...) Esta recíproca unión de sentimientos a fijado las primeras atenciones de la Junta,
sobre la mejora y fomento de la Fuerza militar de estas provincias; y aunque para justa
gloria del país es necesario conocer un soldado en cada habitante, el orden público y la
seguridad del Estado exigen que las esperanzas de los buenos patriotas y fieles vasallos
reposen sobre la fuerza reglada correspondiente a la dignidad de estas provincias; a este fin,
a acordado la Junta las siguientes medidas en cuya pronta y puntual observancia interesa
sus respetos y todo vuestro celo."
"Los Batallones Militares existentes se elevarán a regimiento con la fuerza efectiva de
1.116 plazas, reservado la Junta proveer separadamente sobre el arreglo de la caballería y
artillería volante.
Queda publicada de este día una rigurosa leva en que serán comprendidos todos los vagos y
hombres sin ocupación desde los 18 hasta los 40 años.
Volverán al Servicio Activo todos los rebajados que actualmente no estuvieron ejerciendo
algún arte mecánico o servicio público."
Decreto de la Primera Junta del 29 de mayo de 1810.</ref>
Debido a este decreto, se considera que al 29 de mayo de 1810 como la fecha de nacimiento
del Ejército Argentino.

 Wikisource contiene obras originales de o sobre Decreto de creación del Ejército


Argentino, 29 de mayo de 1810.
La Revolución fue apoyada en la mayor parte de la Intendencia de Buenos Aires y de
la Intendencia de Salta del Tucumán,22 pero fue resistida
25 26 22 27
en Córdoba, Montevideo, Paraguay y el Alto Perú.
En total, el gobierno contaba con 4.145 hombres: 3.128 de infantería, 555 de caballería y
462 de artillería. Antes de fin de año fueron incorporados a esas fuerzas alrededor de mil
hombres más, y se sumó un nuevo regimiento, el Regimiento América o de la Estrella.28 Si
bien la tropa era numerosa, no tenía otra experiencia que las Invasiones Inglesas, y desde
entonces habían sido adiestrados por oficiales tan inexpertos como los soldados.29
Armamento y técnica[editar]
Las tecnología disponible y las tácticas utilizadas por los ejércitos serían comunes para las
fuerzas patriotas y realistas, y no cambiarían mucho a lo largo de las campañas por la
independencia. Durante los tres primeros años de guerra, ambos bandos combatirían bajo
la bandera de España.30
Los ejércitos de la época estaban distribuidos en tres armas: infantería, caballería y
artillería. Las técnicas de combate eran muy simples: ataques frontales de infantería
apoyada por artillería, mientras la caballería protegía los flancos o intentaba rodear a las
fuerzas enemigas. Solamente las fuerzas irregulares llevaban adelante operaciones tácticas
más imprevisibles.31
La infantería solía ser la más numerosa, armada de fusiles a chispa de avancarga
y bayonetas para el combate cuerpo a cuerpo; los oficiales tenían mayor experiencia en el
manejo de tropas de infantería, lo que hacía su uso preferible al de las otras armas.32
La caballería era poco numerosa, dado que los criollos desdeñaban la caballería y
consideraban a la lanza como un arma indígena. Su uso se veía limitado por la carencia de
un entrenamiento adecuado, pero la recluta de milicias de caballería se extendería
rápidamente entre la población rural del interior, y su prestigio se incrementaría a partir de
la creación delRegimiento de Granaderos a Caballo, cuerpo de caballería especializado en
choques armados a gran velocidad.33 A partir de ese momento, la superioridad de la
caballería patriota se mantuvo durante el resto de la guerra, sustentada en la habilidad de
sus jinetes.
La artillería de campaña manejaba pequeños cañones portátiles de bronce y requería un
despliegue logístico mayor que las otras dos armas. Las piezas eran ubicadas en grupos
dentro de las formaciones de infantería. Su oficialidad, muy deficiente, fue suplantada
muchas veces por artilleros de marina, pero posteriormente se instalaron escuelas de
oficiales con gran preparación técnica.32
No había cuerpos de apoyo, que recién aparecerían con las campañas de José de San
Martín. Sí, en cambio, se contaba con fuerzas auxiliares o irregulares, generalmente de
caballería, armadas con lanzas, boleadoras y armas de fuego cortas.34 En el Alto Perú y en
el Perú las fuerzas irregulares serían de indígenas de a pie, armados de macanas, garrotes
yhondas.35
Los desplazamientos se realizaban en la llanura a lomo de mula, mientras en zonas
montañosas las mulas eran utilizadas exclusivamente para transporte de carga y los
soldados de infantería marchaban a pie.36
Primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú[editar]
Artículos principales: Primera expedición auxiliadora al Alto Perú y Formación del Ejército
del Norte.
La resistencia a la revolución en Córdoba, dirigida por el ex virrey Liniers, obligó a realizar
la anunciada expedición al interior, con la ciudad de Córdoba como primer objetivo. Al
frente de la misma fue puesto el coronel Francisco Ortiz de Ocampo, secundado
por Antonio González Balcarce. Llevaban consigo 1.150 hombres, extraídos de todos los
cuerpos de la capital.37
Los contrarrevolucionarios habían llegado a reunir 1.500 hombres,38 pero ante la
aproximación del ejército de Ocampo desertaron masivamente. Liniers y los principales
opositores fueron arrestados y ejecutados. El vocal Juan José Castelliasumió el mando
político del Ejército del Norte y Ocampo fue desplazado por González Balcarce.
El virrey del Perú, José Fernando de Abascal, envió tropas para defender las provincias del
Alto Perú, nombrando al frente de las mismas al José Manuel de Goyeneche.39 27 El
general José de Córdoba y Rojas ocupó Santiago de Cotagaita, pueblo que controlaba el
acceso principal al Alto Perú. A sus espaldas, un regimiento enviado a unírsele
desdeCochabamba se sublevó en septiembre, reconociendo la autoridad de la Junta e
iniciando la Revolución de Cochabamba.40 También Santa Cruz de la Sierra y Oruro se
pronunciaron por la revolución.27
Tras una pequeña derrota en el Combate de Cotagaita, las fuerzas de Balcarce obtuvieron la
primera victoria del Ejército Argentino el 7 de noviembre, en la Batalla de Suipacha.41
Todo el Alto Perú cayó en manos independentistas, e importantes fuerzas altoperuanas se
sumaron al Ejército del Norte. El gobierno de Castelli logró ciertos avances políticos, pero
se enemistó con la población por sus actos de violencia y ataques a los sentimientos
religiosos de la población.42
El Ejército –con alrededor de 7000 hombres, más de la mitad altoperuanos– se situó sobre
el río Desaguadero, límite con el Perú, situación en que fue atacado y derrotado por
Goyeneche el 6 de junio en la Batalla de Huaqui.43 La población del Alto Perú,
predispuesta contra los “porteños”, expulsó de todas las ciudades al Ejército, que se vio
obligado a retirarse hasta Jujuy.44
Las ciudades altoperuanas cayeron en manos realistas. No obstante, poco después estallaron
insurrecciones enCochabamba y alrededores de La Paz, que – aunque fueron finalmente
vencidas – retrasaron la invasión realista a la Intendencia de Salta.45
Expedición al Paraguay[editar]
Artículos principales: Rechazo del Paraguay a la Revolución de Mayo y Expedición
Libertadora al Paraguay.

Manuel Belgrano comandó lacampaña al Paraguay y posteriormente el Ejército del Norte.


El Paraguay y la ciudad de Montevideo se habían negado a acatar a la Primera Junta, y
prefirieron obedecer a las autoridades residuales de la Península. La Junta decidió entonces
atacar a los realistas de Montevideo, para lo cual organizó 250 hombres, extraídos de
diversos cuerpos militares porteños, con 6 cañones. Al mando de esa división nombró al
vocal Manuel Belgrano, con el grado de coronel.46
La invasión del las Misiones por el gobernador paraguayo Bernardo de Velasco47 decidió a
la Junta a enviar a Belgrano al Paraguay, otorgándole el mando militar y político de las
provincias del litoral fluvial. Por su parte, Velasco organizó un ejército de entre 6.000 y
7.000 hombres.
En camino a su destino, Belgrano incorporó unos 357 Blandengues en San Nicolás de los
Arroyos, 200 milicianos de infantería y caballería en Santa Fe,48 tropas voluntarias reunidas
por el comandante militar de Entre Ríos, y unos 200 hombres del Regimiento de
Patricios enviados desde Buenos Aires.49 El ejército avanzó hacia el norte por el centro de
Entre Ríos y Corrientes, Belgrano proclamaba la libertad, propiedad y seguridad de los
indígenas de los pueblos de Misiones.50
El grueso del ejército revolucionario – unos 950 hombres – cruzó el río Paraná el 19 de
diciembre, obteniendo una pequeña victoria en la Batalla de Campichuelo, cerca
deEncarnación.51
El 25 de diciembre se inició el avance hacia la capital paraguaya, dejando 100 hombres en
Candelaria. Los pobladores huían del ejército — al que consideraban invasor — llevándose
todos los medios de subsistencia. Pese al serio obstáculo que significaban los numerosos
ríos, esteros y selvas tropicales del Paraguay, a mediados de enero llegaron unos 460
hombres al pueblo de Paraguarí, ubicado en una elevación rodeada de zonas pantanosas,
punto elegido por Velasco para presentar batalla. El 19 de enero Belgrano se lanzó
sorpresivamente al ataque con 460 hombres contra 6.000. Obtuvo una ventaja inicial, pero
en definitiva primó la ventaja numérica enemiga y fue derrotado tras cuatro horas de
combate en laBatalla de Paraguarí, viéndose obligado a retirarse.52
La retirada se detuvo su retirada junto al río Tacuarí, esperando refuerzos. En su apoyo, la
Junta le envió una escuadrilla de tres buques comandada por Juan Bautista Azopardo, pero
esta fue destruida muy lejos de allí el 2 de marzo, en elCombate de San Nicolás.
El ejército paraguayo, de 2.400 hombres, al mando del general Manuel Cabañas, atacó el 9
de marzo a los 600 hombres de Belgrano en la Batalla de Tacuarí. La artillería de Belgrano
logró frenar el avance de los paraguayos, pero fueron derrotados por una división que cruzó
el río aguas arriba y los tomó de flanco. Belgrano contestó a la intimación a rendirse
iniciando negociaciones pacíficas, de resultas de las cuales el ejército abandonó el Paraguay
a los pocos días, con todas sus armas y bagajes.53
Las comunicaciones de Belgrano con los oficiales paraguayos llevaron a varios de éstos a
iniciar el proceso independentista. Éste hizo eclosión en el mes de mayo, cuando el
oficial Fulgencio Yegros depuso a Velasco y lo reemplazó por una Junta de Gobierno, en
que descollaba Gaspar Rodríguez de Francia, que gobernaría al país durante casi tres
décadas. El nuevo gobierno proclamó la independencia absoluta del Paraguay, y en octubre
firmó con el propio Belgrano – como enviado diplomático – un tratado de
confederación entre el Paraguay y Buenos Aires.54 No obstante, el Paraguay nunca se
reincorporaría al antiguo virreinato.55
Primera Expedición a la Banda Oriental[editar]
Artículo principal: Expediciones Libertadoras a la Banda Oriental
La ciudad de Montevideo era la más próxima amenaza para el nuevo gobierno, sólidamente
sostenida para la causa realista por la guarnición naval, y dominando sin problemas toda
la Banda Oriental desde el Río de la Plata y el río Uruguay. Los planes de la Primera Junta
para atacar Montevideo fueron pospuestos. A principios de 1811, Francisco Javier de Elío,
nombrado virrey del Río de la Plata, se hizo fuerte en Montevideo y aumentó su
agresividad frente a Buenos Aires,56 mientras se ganaba el repudio de la población local
con medidas impopulares.57
El 28 de febrero de 1811, la población oriental inició la Revolución Oriental con el Grito de
Asencio. A partir de ese momento, y guiados por el oficial oriental José Artigas,
los gauchos de la campaña controlaron gran parte de la Banda Oriental, obteniendo las
decisivas victorias de San José y Las Piedras.58
Finalizada la lucha en Paraguay, la Junta Grande – sucesora de la Primera Junta – envió a la
Banda Oriental a los 1.134 hombres del ejército de Belgrano. Poco después reemplazó a
éste – que fue sometido a un juicio – por el coronel José Rondeau,59 que puso sitio a
Montevideo y Colonia en mayo, aunque no pudo forzar su rendición por el dominio naval
de los realistas sobre el Río de la Plata.
El virrey Elío respondió llamando en su auxilio a las tropas portuguesas del Brasil,
que invadieron el norte de la Banda Oriental en el mes de julio, derrotando a las fuerzas
milicianas orientales y dominando gran parte de ese territorio.60
La noticia de la derrota de Huaqui forzó a la Junta a intentar estabilizar la situación en la
Banda Oriental. El Primer Triunvirato, que sucedió a la Junta, llegó a un armisticio con Elío
por el cual se le dejaba el control de la Banda Oriental y parte de la actual provincia de
Entre Ríos. El 12 de octubre, Rondeau levantó el sitio y se retiró hacia Buenos Aires.61
La población oriental se negó a acompañar esta decisión y – siguiendo a Artigas en el
llamado Éxodo Oriental – se estableció masivamente en las orillas del río Uruguay, desde
donde continuó la guerra contra Portugal.62 Desde ese momento, las fuerzas orientales
dirigidas por Artigas dejaron de considerarse parte del Ejército Argentino. Pronto exigirían
que las tropas enviadas desde Buenos Aires actuaran como sus auxiliares.56 En junio del
año siguiente, tras la firma delTratado Rademaker-Herrera, las fuerzas portuguesas
abandonaron la Banda Oriental.60
En Buenos Aires, el gobierno decidió quitar al Regimiento de Patricios sus privilegios de
milicia voluntaria, lo que causó elMotín de las Trenzas, sangrientamente aplastado. Desde
entonces, las milicias originadas en las Invasiones Inglesas pasaron a ser consideradas
tropas de línea.63
Por su parte, Elío regresó a España, siendo sucedido por Gaspar de Vigodet. Éste – que sólo
ejercía como gobernador – se vio obligado a lanzar ataques sobre las costas del río Paraná
para abastecer a la ciudad. Para defender esas costas fue enviado el general Belgrano a la
villa de Rosario. En febrero de 1812, éste creó una escarapela celeste y blanca para
identificación de sus tropas, que fue aceptada por el Triunvirato. Dando un paso más, el 27
de febrero hizo jurar a sus tropas una bandera con los mismos colores, acto que fue
censurado por el gobierno. El mismo día, Belgrano fue puesto al frente del Ejército del
Norte.54
Segunda Campaña al Alto Perú[editar]
Artículo principal: Segunda expedición auxiliadora al Alto Perú
La resistencia de las guerrillas altoperuanas – aunque sangrientamente aplastada –demoró
el avance del ejército realista hasta principios de julio de 1812, fecha en que éste comenzó
su avance al mando del general Pío Tristán. En respuesta, y siguiendo órdenes del gobierno,
Belgrano evacuó la población de Jujuy y se retiró hasta San Miguel de Tucumán. Aunque
tenía órdenes de seguir su retirada, enfrentó y derrotó a Tristán el 24 de septiembre en
la Batalla de Tucumán, obligándolo a retirarse hacia la ciudad de Salta. Jamás el ejército
realista volvería a llegar tan al sur.64
La noticia de la victoria provocó el derrocamiento del Triunvirato, reemplazado por
un Segundo Triunvirato. En el golpe tuvo una actuación decisiva el Regimiento de
Granaderos a Caballo, creado poco antes por un coronel llegado poco antes de Europa, José
de San Martín. Este regimiento serviría de modelo de organización militar para el Ejército
Argentino durante el resto de la guerra de independencia.65
Belgrano dedicó los meses siguientes a una concienzuda reorganización del Ejército del
Norte, dividiéndolo en regimientos más orgánicos e iniciando la formación de sus oficiales
y el abastecimiento de sus tropas.54 Finalmente, en enero inició su marcha sobre Salta, y en
el camino hizo jurar a sus tropas la Bandera Argentina. El 20 de febrero obtuvo la victoria
en laBatalla de Salta, capturando a todo el ejército enemigo, aunque se vio obligado a
dejarlo regresar – desarmado – al Alto Perú.54
Aprovechando un nuevo alzamiento de la población altoperuana, Belgrano inició su marcha
hacia el Alto Perú, pero fue derrotado en las batallas de Vilcapujio y Ayohuma y obligado a
retirarse con menos de la mitad de su ejército.66
En enero de 1814, en Tucumán, Belgrano fue reemplazado por el coronel San Martín. Pese
a que el nuevo jefe – el oficial más capacitado con que contaba la Revolución – realizó
grandes avances en la organización militar, estaba convencido de la inutilidad de intentar
derrotar a los realistas en el Alto Perú. Por ello organizó la defensa de la provincia de Salta
por partidas auxiliares de gauchos, iniciando así la Guerra Gaucha, que sería comandada
por el salteño Martín Miguel de Güemes.34
Cuatro meses después, San Martín renunció por razones de salud, siendo reemplazado por
el general Rondeau.61
Segunda Campaña a la Banda Oriental
Sitio de Montevideo (1812-1814)
La actitud agresiva de Vigodet fue interpretada como una ruptura del armisticio, de modo
que el Triunvirato dispuso una intervención del ejército, comandado por Manuel Sarratea.
Éste logró que parte de las tropas de Artigas se unieran a su ejército, con lo cual los
desacuerdos con éste se incrementaron.67
El ejército de Rondeau regresó a la Banda Oriental y el 20 de octubre puso nuevamente
sitio a Montevideo. A fines de diciembre fue atacado en la Batalla de Cerrito, pero logró
una amplia victoria. Poco tiempo después del combate, Artigas se unió nuevamente al sitio
con sus fuerzas, aunque siguió considerándolas separadas del Ejército nacional.61
El 3 de febrero de 1813 las tropas de San Martín obtuvieron la victoria en el combate de
San Lorenzo sobre una expedición al río Paraná;68 desde entonces, los realistas limitaron
sus incursiones y pasaron a depender exclusivamente de su abastecimiento por mar. Por
ello el gobierno organizó la segunda escuadra naval, que – al mando de Guillermo Brown -
obtuvo una serie de victorias y cerró el cerco.
Rondeau fue reemplazado en el mando del sitio por Carlos María de Alvear, que elevó el
número de tropas a 4.000 hombres. El 20 de junio, completamente cercada, Montevideo fue
ocupada por las tropas patriotas, cayendo en su poder también una gran cantidad de
soldados que fueron incorporados al Ejército Argentino – más de 5.000 hombres – y mucho
armamento, especialmente artillería de gran calibre.69
Tercera Campaña al Alto Peru
Tercera expedición auxiliadora al Alto Perú
Bajo el mando de Rondeau, el Ejército del Norte fue muy eficazmente aprovisionado –
especialmente con armamento capturado en Montevideo – pero perdió en disciplina y
moral.
Por su parte, el ejército realista del Alto Perú, al mando de Joaquín de la Pezuela, avanzó
hacia el sur. Pero, enfrentado a los gauchos de Güemes, con su retaguardia amenazada por
la acción de las Republiquetas y obligado a enviar parte de sus fuerzas a aplastar
la Rebelión del Cuzco, terminó por retirarse hacia el norte. Fuerzas auxiliares – sólo
parcialmente asimilables al Ejército Argentino – obtuvieron la victoria en la Batalla de La
Florida y controlaron Cochabamba.70
En enero de 1815, tras rechazar el reemplazo de Rondeau por Alvear, el Ejército volvió a
avanzar hacia el Alto Perú. Una pequeña derrota en el Combate del Tejar retrasó las
operaciones, que se reiniciaron en abril.61 No obstante, los gauchos de Güemes
abandonaron la campaña acompañando a su jefe, que fue electo gobernador de Salta.34
Una primera derrota del Ejército del Norte en la Batalla de Venta y Media obligó a
Rondeau a retirarse hacia Cochabamba, donde fue derrotado completamente el 29 de
noviembre de 1815 en la Batalla de Sipe Sipe.71
Los restos del Ejército se retiraron hacia San Miguel de Tucumán, dejando definitivamente
la defensa del norte a Güemes y sus gauchos. Una efímera e inútil campaña en el año 1817,
comandada por Gregorio Aráoz de Lamadrid, sería el último intento del Ejército del Norte
contra el Alto Perú.72 Desde entonces, sería gradualmente desmantelado, perdiendo tropas
en beneficio del Ejército de los Andes, y dedicado progresivamente a participar en la guerra
civil.73

Primeras luchas civiles[editar]


Artículo principal: Guerra entre Artigas y el Directorio

Surgimiento del federalismo[editar]


La creciente tendencia de los gobiernos de Buenos Aires hacia el centralismo llevó a Artigas a
rechazar su autoridad, iniciando el federalismo en el Río de la Plata. Tras el rechazo de los
diputados artiguistas a la Asamblea del Año XIII, en enero de 1814 Artigas abandonó el sitio
de Montevideo, seguido por más de mil de sus hombres y parte de la población de la
provincia, dirigiéndose a las costas del río Uruguay.

Declarado fuera de la ley por el gobierno porteño, fue atacado por el barón Eduardo Kaunitz
de Holmberg con 400 hombres, pero el federal Eusebio Hereñú lo derrotó el 22 de febrero en
el combate de El Espinillo, cerca de Paraná. A partir de ese momento, los artiguistas
controlaron Entre Ríos, y tras la Batalla de La Cruz, del 19 de marzo, también la región de
Misiones.74
Mientras tanto, una revolución federal estalló en Corrientes, que se incorporó a los artiguistas,
al tiempo que Fernando Otorgués y otros líderes federales controlaban el interior de la Banda
Oriental. Tanto el gobierno porteño como los realistas creyeron que Artigas se pasaría a estos
últimos, pero éste rechazó todas insinuaciones en ese sentido.

Tras fracasar sus tentativas de vencer a Artigas, Posadas firmó un armisticio con él en el mes
de abril. Dos meses después, Alvear ocupaba Montevideo. Pese a su promesa de entregar la
ciudad a los hombres de Artigas, Alvear atacó a sus lugartenientes, lo que causó el reinicio de
la guerra civil. Esta continuó con altibajos durante varios meses, forzando a mantener tropas
en la Banda Oriental y en Entre Ríos, que no pudieron ser enviadas a reforzar el único frente
que aún existía contra los realistas, en el Norte.75

Se produjeron tres combates: Batalla de las Piedras (1814) (25 de junio) y Batalla de
Marmarajá (6 de octubre) de 1814 a favor de los directoriales, y la Batalla de Guayabos (15 de
enero de 1815) a favor de los artiguistas. Tras esta derrota, el nuevo Director Supremo,
general Alvear, entregó a Artigas el control de la Provincia Oriental y de Montevideo. Ese
pacto liberó algunas fuerzas militares para ser enviadas hacia el norte, pero la negativa de
Artigas a suspender su ayuda a los federales de Entre Ríos y Corrientes obligó a mantener
muchas tropas en esa región y en la Capital.

El 14 de marzo de 1815, una revolución depuso al gobernador de Santa Fe con la ayuda de


Artigas, con lo que ésta pasó al bando federal. Días más tarde, una amenaza de Artigas bastó
para que el cabildo cordobés depusiera al gobernador y nombrara en su lugar a José Javier
Díaz, un federal que – si bien no se comportaría como un subordinado de Artigas – sería su
aliado.

En respuesta, Alvear lanzó en el mes de abril una campaña militar con más de 5.000 hombres
hacia Santa Fe. Pero sus oficiales se sublevaron y causaron la caída del Director Alvear. El
Director Supremo sustituto, Ignacio Álvarez Thomas firmó un nuevo acuerdo con Artigas,
gracias al cual se liberaron nuevas fuerzas para ser enviadas en ayuda del Ejército del Norte.
No obstante, meses después, el mismo Álvarez Thomas rompería el acuerdo: en agosto lanzó
una nueva expedición sobre Santa Fe, que cayó en manos del general Juan José Viamonte.76

En marzo de 1816 se inició una nueva revolución federal en Santa Fe; Viamonte fue cercado y
obligado a rendirse. Álvarez Thomas envió una nueva expedición de 3.000 hombres contra la
ciudad, bajo el mando de Manuel Belgrano. Pero el enviado de éste a Santa Fe terminó
pactando con los federales, lo que causó la deposición tanto de Belgrano como de Álvarez
Thomas. No obstante los reiterados anuncios de acuerdo, la intransigencia de las partes
impidió la unión entre los federales y el gobierno central.76

El nuevo Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón, lanzó una nueva invasión al mando
de Eustoquio Díaz Vélez – el mismo que había pactado la paz meses antes – que logró
ocupar Santa Fe durante casi todo el mes de agosto. Pero, sitiado por los federales, terminó
por abandonar la ciudad por el río Paraná.

La invasión portuguesa y nuevas guerras civiles[editar]


A pesar de los conflictos entre el Directorio y Santa Fe, durante el año 1817 no hubo nuevas
hostilidades. En parte se debió a la campaña de San Martín a Chile, y también a que los
federales de la Banda Oriental y de Misiones estaban enfrentando la Invasión Luso-
Brasileña a esa provincia.

En efecto, muy poco después de la declaración de independencia de la Argentina del 9 de julio


de 1816, poderosas fuerzas portuguesas invadieron la Banda Oriental. Cuando, a principios
del año siguiente, Montevideo fue ocupada por los invasores, Artigas pidió ayuda al gobierno
porteño, pero éste le envió unas pocas armas y ninguna tropa. Pueyrredón quiso aprovechar
la emergencia que estaba pasando la población oriental para someterla al sistema unitario de
gobierno. El rechazo de esas condiciones de parte de Artigas significó que no recibió ayuda
alguna de parte del gobierno central. Sin ayuda externa, Artigas se mantuvo a la defensiva en
toda la Banda Oriental, aunque fue derrotado repetidamente.77

A lo largo de los años que siguieron a la Revolución existieron una serie de alzamientos en
varias provincias del interior contra el gobierno directorial, que fueron resueltas sin
intervención del Ejército. Pero, cuando en diciembre de 1816 se produjo la rebelión de Juan
Francisco Borges en Santiago del Estero, el Ejército del Norte envió tropas a enfrentarlo.
Borges fue derrotado y ejecutado por orden de Belgrano.73 Pocos días más tarde, dos
divisiones del Ejército del Norte fueron utilizadas para imponer la autoridad del Directorio en
Córdoba. Al mando de una de ellas iba el después generalJuan Antonio Álvarez de Arenales.

A partir de 1818, Pueyrredón aprovechó la debilidad de Artigas para lanzar ataques a sus
subalternos en las provincias al oeste del río Uruguay. En enero de ese año, se produjo la
invasión del sur de la provincia de Entre Ríos, con la connivencia de Hereñú, iniciando
la segunda guerra entre el Directorio y Artigas en Entre Ríos. Esta fue la ocasión en que
asumió el mando militar de esa provincia uno de los caudillos federales más
destacados, Francisco Ramírez, que derrotó dos veces al ejército nacional, el 4 de enero y el
25 de febrero.

En Santa Fe, el gobernador federal Mariano Vera contemporizaba con el gobierno central, por
lo que fue derrocado por los federales más decididos, que llevaron al gobierno a Estanislao
López.78 Pueyrredón respondió invadiendo esa provincia desde el sur con 5.000 soldados al
mando de Juan Ramón Balcarce. Éste ocupó fugazmente la capital pero huyó a los pocos
días, arrasando y saqueando la provincia. El gobierno envió en su ayuda una división del
Ejército del Norte al mando de Juan Bautista Bustos, pero López eligió una estrategia
de montonera que le resultó muy eficaz: dejó sin caballos a Bustos y luego hostilizó
continuamente a Balcarce durante semanas, hasta obligarlo a abandonar la provincia.73

Una nueva invasión porteña, de principios de 1819, fue comandada por Juan José
Viamonte desde Buenos Aires, y por Bustos desde Córdoba. López repitió su estrategia:
enfrentó a Bustos en la Batalla de La Herradura y lo obligó a retroceder. En seguida cercó a
Viamonte en Rosario, hasta obligarlo a firmar un armisticio.79

La Anarquía del Año 20[editar]


Artículo principal: Anarquía del Año XX

Durante los primeros meses de 1819 no hubo enfrentamientos civiles en las Provincias
Unidas. Pero el nuevo Director Supremo, el general Rondeau, decidió librarse de los federales
con ayuda de los portugueses que ocupaban la Banda Oriental. Al enterarse, Artigas encargó
a Ramírez y López que atacaran al Director Supremo en la propia provincia de Buenos Aires.

Por su parte, Rondeau ordenó al Ejército de los Andes y al Ejército del Norte que se
trasladaran a Buenos Aires, para atacar Santa Fe. San Martín desobedeció abiertamente,
mientras Belgrano renunció al comando del Ejército del Norte, aunque éste se trasladó hacia
Buenos Aires bajo el mando de Francisco Fernández de la Cruz.73

Pero la autoridad del Director se derrumbaba rápidamente: la mayor parte del interior de la
provincia de Córdoba estaba en manos de montoneros. En el mes de noviembre se sublevó la
pequeña guarnición del Ejército del Norte que había quedado en Tucumán y llevó al gobierno
a Bernabé Aráoz, que incorporó esas fuerzas a las de su provincia. A principios de enero
siguiente se sublevó el Batallón Nº 1 de Cazadores de los Andes en San Juan, nombrando al
jefe de la revuelta, Mariano Mendizábal, gobernador de la Provincia de San Juan, separada de
la de Cuyo. Esto restó un buen número a los efectivos que iban a participar en la campaña
libertadora del Perú.80

El 8 de enero de 1820, el Ejército del Norte se sublevó en Arequito, negándose a seguir


participando en las guerras civiles; no obstante su declarada intención de regresar al frente
norte, esas fuerzas quedarían incorporadas a la Provincia de Córdoba, donde el jefe de la
sublevación, Juan Bautista Bustos, sería nombrado gobernador.73

De modo que Rondeau había perdido toda su autoridad fuera de la Provincia de Buenos Aires;
no obstante, marchó a enfrentar a Ramírez y López al frente de 2.000 hombres. El 1 de enero
chocó con 1.600 federales en la Batalla de Cepeda: ante un error táctico de Rondeau, una
rápida carga de caballería federal alcanzó para dispersar por completo la caballería directorial,
incluido el general Rondeau. El resto del ejército se dirigió a San Nicolás de los Arroyos,
desde donde se embarcaría hacia Buenos Aires.73
Anunciando que no iban en tren de conquista, sino a salvaguardar sus instituciones, los jefes
vencedores avanzaron hacia la capital. En la capital, el general Soler declaró depuesto a
Rondeau y el Congreso de Tucumán se declaró a sí mismo disuelto el 11 de febrero. Por
presión de López y Ramírez, fue electo gobernador Manuel de Sarratea, que el 23 de febrero
firmó con los caudillos el Tratado del Pilar. A partir de ese momento, cada provincia se
gobernó por sí misma, y los restos del ejército nacional en las provincias, incluida la de
Buenos Aires, fueron incorporados a las mismas.76

Como fuerza nacional, la única que se salvó fue la parte del Ejército de los Andes que estaba
acantonada en Chile, más las que San Martín alcanzó a retirar hacia ese país tras la
revolución en San Juan.

Poco antes de la Batalla de Cepeda había ocurrido otra novedad significativa: Artigas había
sido derrotado definitivamente en la batalla de Tacuarembó y había evacuado la Banda
Oriental hacia la Mesopotamia. La ocupación de la Provincia Oriental por parte de Portugal era
definitiva, y ésta sería poco después incorporado al Reino Unido de Portugal, Brasil y
Algarve como Provincia Cisplatina.81

En el año y medio que siguió a la disolución del poder central, Ramírez derrotó y exilió
definitivamente a Artigas, y López derrotó y causó la muerte de Ramírez. Por su parte, Buenos
Aires quedó sometida a una profunda anarquía durante diez meses. Los tratados
de Benegas y del Cuadrilátero estabilizarían las relaciones entre las provincias, pero
fracasarían en reorganizar el poder central.82

Últimas campañas de la Independencia[editar]


Luchas en el Noroeste[editar]
Artículo principal: Invasión de De la Serna a Jujuy y Salta

El general José de la Sernadirigió dos invasiones a Salta y más tarde fue virrey del Perú.
A partir de 1816, la defensa de la provincia de Salta había quedado en manos del gobernador
Güemes, mientras el ejército de Rondeau se retiraba hacia Tucumán, donde se encargó de la
protección del recién formado Congreso de Tucumán. En el mes de agosto sería – fue
reemplazado como comandante del ejército por el general Belgrano. Éste tampoco pudo
lanzar ningún ataque hacia el norte. Por el contrario, su ejército se vio disminuido porque
muchas tropas y oficiales fueron trasladados al Ejército de los Andes.73

Por su parte, el Congreso declaró la Independencia de las Provincias Unidas en Sud


América el 9 de julio de 1816. Fue un gesto muy significativo, teniendo en cuenta que a esa
fecha las Provincias Unidas eran el último país que seguía enfrentando al imperio español en
América.

En septiembre de 1816, tras el nombramiento de Pezuela como virrey del Perú, asumió el
comando el general José de la Serna, que al frente de un gran ejército se lanzó a una
ambiciosa invasión de las Provincias Unidas a fines de octubre. Fue obligado a retroceder por
las sucesivas victorias de los gauchos de Güemes.31

Belgrano intentó ayudar a Güemes enviando desde Tucumán una expedición al mando del
coronel Lamadrid, con 350 hombres, para cortar las líneas de comunicación realistas.
Lamadrid obtuvo algunas victorias, la principal de ellas el 14 de abril de 1817 en [[Batalla de
La Tablada de Tolomosa|La Tablada], junto a Tarija, por lo que se lanzó al interior del Alto
Perú. Llegó a atacar la ciudad de Chuquisaca; pero fue derrotado y debió retirarse. Regresó a
Tucumán a fines de julio de 1817. Esa fue la última ofensiva del Ejército del Norte en el Alto
Perú.83 Durante los años siguientes, los gauchos de Güemes se las arreglaron solos para
rechazar varias invasiones más, aunque menos masivas que la de 1817. Si bien el Ejército del
Norte no aportó tropas, algunos oficiales pasaron a servir en las fuerzas salteñas.34

Expedición Libertadora a Chile[editar]


Artículo principal: Ejército de los Andes

Plan de San Martín[editar]

General José de San Martín.


La Capitanía General de Chile se había independizado en forma relativamente incruenta, pero
a principios de 1813 una ofensiva desde Perú comenzó la guerra de independencia en ese
país.84 Un Batallón de Auxiliares Argentinos, formado por 257 soldados de infantería de línea
procedentes de Cuyo y Córdoba participó en la misma, con activa participación en los
combates de Cucha Cucha y Membrillar, hasta poco antes de la derrota decisiva
de Rancagua. Estaban al mando de Marcos Balcarce y Juan Gregorio de Las Heras.85

Tras la derrota, tanto los auxiliares argentinos como gran cantidad de civiles y unos 600
militares chilenos emigraron a Mendoza. Allí fueron protegidos por el general San Martín,
gobernador de la Provincia de Cuyo.86 87

San Martín había renunciado al Ejército de los Andes por haber llegado a la conclusión de que
era inútil intentar avanzar por el Alto Perú mientras la administración colonial en Lima pudiera
sostener los esfuerzos militares en la región. El objetivo central era el centro de la resistencia,
Lima, que podría ser alcanzado por mar, desde Chile. La idea original la habría tenido durante
su paso por Inglaterra, tomando la idea de los antiguos proyectos británicos de conquista de
América del Sur,88 o bien por orden de autoridades militares británicas.89 Caída Lima, San
Martín afirmaba que sería mucho más fácil derrotar al resto de los realistas de América del
Sur. Ese era el llamado “Plan Continental” de San Martín.

La reconquista española de Chile complicó los planes de San Martín, por lo que éste decidió
libertar primeramente ese país. Reforzó los recursos militares de su provincia, e incorporó a
los oficiales y las tropas chilenas a los mismos. Los Auxiliares Argentinos se fueron
reorganizados como Regimiento N° 11 de Infantería, al mando del coronel Las Heras.90 91

Antes de finales de 1814 se incorporaron nuevas tropas y armamento traído desde


Montevideo,92 y al año siguiente incorporó gran cantidad de voluntarios de Cuyo, además de
una gran leva de vagos y la incorporación de todos los esclavos varones de la provincia.
También se incorporó el Regimiento de Granaderos a Caballo, llegando a fines de ese año a
3.887 hombres. A partir de 1816 se incorporarían algunos cuerpos y muchos oficiales venidos
desde el Ejército del Norte; e agosto de 1816, las tropas organizadas por San Martín fueron
oficialmente bautizadas como "Ejército de los Andes".93

Instalado el Ejército para su entrenamiento en El Plumerillo, organizó allí una fábrica de


armamentos y uniformes, que puso a órdenes del fraile Luis Beltrán, y encargó a José Antonio
Álvarez Condarco la realización de un plano de los principales cruces de la Cordillera de los
Andes. El Director Pueyrredón envió toda la ayuda que pudo, incluyendo refuerzos militares,
dinero, alimentos, armas, uniformes y municiones en gran cantidad.76

El Capitán General Casimiro Marcó del Pont contaba con 5.500 hombres y con la ventaja de la
defensa. Por ello San Martín le hizo creer alternativamente que iba a invadir por el sur o por el
norte del país, valiéndose para ello de informaciones falsas y de los indígenas pehuenches,
obligándolo a fraccionar sus tropas a todo lo largo de Chile.92

Cruce de los Andes[editar]


Artículos principales: Cruce de los Andes y Rutas sanmartinianas.

En enero de 1817 iniciaron el Cruce de los Andes 5.350 hombres. 2.334 eran tropas de
infantería, dividida en cuatro batallones, con cuatro compañías de fusileros, una compañía de
granaderos y una compañía de volteadores cada uno. Los 1.395 hombres de caballería estaba
compuesta de cuatro escuadrones, un regimiento entero de Granaderos a Caballo y un
escuadrón escolta. La artillería, servida por 258 hombres, estaba compuesta de 17 piezas. El
resto de los hombres eran tropa auxiliar, que conducía 7.250 mulas de silla, 1.929 mulas de
carga y 1.200 caballos de batalla. También se habían incluido equipamiento para facilitar el
paso por la cordillera, entre ellos puentes colgantes, un hospital portátil y ganado en pie.94 En
honor a la participación chilena en la campaña, ésta se hizo bajo la Bandera del Ejército de los
Andes, no de laBandera Argentina.95

El cruce se realizó simultáneamente por seis rutas distintas: las dos principales estaban al
mando del general Las Heras – que cruzó por el Paso de Uspallata – y el propio San Martín,
que lo hizo por el paso de Los Patos. Ambas columnas se unirían para atacar la ciudad
de Santiago de Chile.96 Otras cuatro columnas debían operar al norte y al sur de las
principales, por los pasos de Come Caballos (al mando de Francisco Zelada), Guana (al
mando de Juan Manuel Cabot),Portillo (al mando de José León Lemos)97 y Planchón (al
mando de Ramón Freire).98

Las columnas de Cabot y Freire ocuparon algunas plazas en el norte y sur del país,
manteniendo parte de las tropas chilenas alejadas de la capital. Por su parte, las dos
columnas principales debieron despejar su camino con varios combates menores –
en Achupallas, Las Coimas y Guardia Vieja – antes de unirse el 9 de febrero en Los Andes.

La Batalla de Chacabuco, según el óleo de Pedro Subercaseaux.

De Chacabuco a Maipú[editar]
El 12 de febrero, las dos columnas principales unidas chocaron con las fuerzas realistas del
coronel Rafael Maroto en la Batalla de Chacabuco; pese a que el general chileno Bernardo
O’Higgins se apresuró y puso en peligro las fuerzas patriotas, cuando éste pudo poner en
juego todas sus tropas la victoria quedó del lado de San Martín. Los realistas perdieron 500
muertos y 600 prisioneros, frente a 130 muertos y 180 heridos patriotas.99

Dos días después, el Ejército de los Andes entró en Santiago y O'Higgins fue nombrado por el
cabildo "Director Supremo del Estado de Chile", iniciando el período conocido como la Patria
Nueva. San Martín fue nombrado comandante del "Ejército Unido Libertador de Chile", una
agrupación militar formada por las unidades del "Ejército de los Andes" más las formaciones
chilenas que se incorporaron.100

Los realistas se fortificaron en Concepción, apoyados por la marina de guerra fondeada en el


cercano puerto deTalcahuano, cuyo comandante era el coronel José Ordóñez. Hacia allí fue
enviada una avanzada al mando de Las Heras, que derrotó a Ordóñez en los combates
de Curapaligüe y Gavilán. Los realistas se replegaron sobre la fortificada Talcahuano.85 A
mediados de ese año, O’Higgins puso sitio a Talcahuano con algo más de 2.000 hombres,
pero la ciudad estaba bien abastecida por mar desde el Perú y resistió. Por ello O’Higgins
pretendió asaltar Talcahuano el 6 de diciembre con 3.77 hombres, pero la operación fracasó y
los atacantes – especialmente las fuerzas de Las Heras – sufrieron graves bajas.101

En enero de 1818 desembarcó en Talcahuano el general realista Mariano Osorio, con 3.000
hombres de refuerzo y 12 piezas de artillería; sumados a los 1.600 hombres de Ordóñez,
volcó la relación a su favor, obligando a O’Higgins a retroceder. San Martín se unió a las
fuerzas de éste cerca de Talca, pero el 19 de marzo fue sorprendido por un ataque nocturno
en la Batalla de Cancha Rayada.102

La Batalla de Maipú.

Pese a la pérdida de gran cantidad de armamento, San Martín retrocedió hasta Santiago y
reorganizó nuevamente el Ejército unido. Quince días más tarde, el 5 de abril, en la Batalla de
Maipú, la superioridad táctica de San Martín dio a los 5.050 patriotas la victoria más absoluta
frente a los 5.300 realistas. Éstos perdieron 2.000 muertos y 3.000 prisioneros, mientras los
patriotas tuvieron 1.000 muertos: fue la batalla más sangrienta de las guerras de
independencia de la Argentina y de Chile.103 La independencia de Chile quedaba asegurada.

Durante los años siguientes, las tropas realistas se mantuvieron en distintos puntos del sur de
Chile, en continua retirada; las fuerzas argentinas ejercieron como auxiliares de las chilenas,
pero fracasaron en sus repetidos intentos de ocupar Chillán.104 Cuando esta ciudad fue
finalmente ocupada, la última participación del Ejército Argentino en la guerra de
independencia chilena ocurrió en la Batalla del Bío Bío en enero del año 1819.105 De allí en
adelante, la defensa de la causa del rey en Chile estaría en manos de las partidas irregulares
de origen chileno, que continuarían una guerra de guerrillas. La respuesta del ejército chileno
a esta estrategia, la llamada guerra a muerte,106 no contó con participación argentina, ya que
las fuerzas de este origen se concentraron en el norte del país para preparar la campaña
libertadora del Perú.

Expedición Libertadora al Perú[editar]


Artículo principal: Expedición Libertadora del Perú

Estrategia conjunta[editar]

Lograda la independencia de Chile, el Plan Continental de San Martín pasó a la etapa


siguiente: el ataque directo a Lima. La estrategia de San Martín era embarcar el Ejército Unido
Libertador del Perú – formado por el Ejército de los Andes y parte del Ejército de Chile – y
desembarcarlo en las cercanías de la capital.

Pese al enorme esfuerzo del gobierno, la escuadra chilena era claramente insuficiente para
enfrentar la flota española del Pacífico, por lo que San Martín contrató varios buques en Gran
Bretaña, y al marino Thomas Cochrane para dirigir la escuadra. Durante el año 1819,
Cochrane debilitó a la escuadra española en varios ataques, preparando la campaña.107

Por otra parte, para 1820 las fuerzas realistas totales en Perú sumaban 24.000 hombres,
divididas entre el Alto Perú (7.000), el Perú (8.000) y el litoral marítimo,
desde Arica a Guayaquil (9.000).108 San Martín jamás podría trasladar tropas suficientes para
hacer frente a semejante enemigo, por lo que decidió reunir aportes y simpatías en territorio
peruano. La idea consistía en desembarcar en el sur del Perú, atrayendo al enemigo hacia él,
enviar una campaña a conquistar parte del interior, y reembarcar el resto del Ejército hacia el
norte del país, esperando que la campaña militar y propagandística surtiera efecto.

Tenía a su favor un factor inesperado: el primer día del año 1820 había estallado una
revolución que había iniciado el llamado Trienio Liberal en España, que se debilitó en luchas
entre absolutistas y liberales.109
En cambio, jugaba en contra la falta de apoyo del gobierno rioplatense, disuelto en febrero.
Los oficiales del Ejército de los Andes firmaron el Acta de Rancagua, por el que declararon
que, pese a que el gobierno que había conferido su autoridad a San Martín ya no existía, éste
seguiría siendo su comandante.110

Campaña del Perú[editar]

El 20 de agosto partió de Valparaíso la Expedición Libertadora del Perú, con 4118 soldados y
296 oficiales, de los cuales unos 750 eran rioplatenses, bajo el mando del general San
Martín.111 Desembarcaoron a principios de agosto en Paracas, cercana a la villa de Pisco, y
desde allí partió una división al mando del general Juan Antonio Álvarez de
Arenales ainternarse en la Sierra.

La campaña de la Sierra fue muy exitosa, y demostró que podía atravesar el Perú sin
oposición. Obtuvo una victoria importante en la Batalla de Pasco el 6 de diciembre, antes de
reincorporarse al ejército de San Martín.112

Por su parte, San Martín se reembarcó y se trasladó por mar a Huaura y luego en Ancón, al
norte del Perú, donde inició negociaciones diplomáticas con el virrey. Aprovechando
hábilmente las divisiones entre los realistas – que llevaron al reemplazo del virrey Pezuela por
De la Serna – San Martín forzó el abandono de Lima por parte de los realistas. La capital fue
ocupada sin lucha, y el 28 de julio San Martín declaró la Independencia del Perú. Seis días
más tarde, San Martín era nombrado Protector del Perú.113 También las ciudades
de Guayaquil114 y Trujillo115 se pronunciaron por la independencia.

Pero no todo el Perú había sido liberado. Una serie de combates menores, como la captura
de Callao, el Combate de Mirave y otros116 no lograron avances consistentes en el sur del
Perú, donde De la Serna contaba con el poderoso ejército del Alto Perú y la lealtad de la
población.

Mientras tanto, la ciudad de Guayaquil había solicitado la protección de Simón Bolívar – que
acababa de terminar la campaña de independencia de la Gran Colombia – para terminar con
el poderío realista en Quito. Pese a la habilidad del general Antonio José de Sucre, que
asumió el mando de las fuerzas de Guayaquil, la campaña no logró el éxito esperado. Por ello,
San Martín envió auxilios a Sucre, con los que éste logró terminar la campaña. Las fuerzas
argentinas – en particular los Granaderos de Juan Lavalle, vencedor en la Batalla de
Riobamba y la infantería de José Valentín de Olavarría – tuvieron una participación muy
destacada en la victoria final, obtenida en la Batalla de Pichincha, del 24 de mayo de 1822.117

Fin de la Guerra de Independencia[editar]

Viendo que no lograba vencer a los realistas sin ayuda externa – el gobierno porteño se había
desentendido completamente de la guerra118 – y que sólo Bolívar se la podía aportar, San
Martín se entrevistó con él en Guayaquil el 26 de julio. Ante la imposibilidad de conciliar las
estrategias respectivas, San Martín presentó su renuncia y encargó al libertador del norte
concluir la campaña.119

Las fuerzas argentinas pasaron a depender del ejército de Bolívar. Antes de ser
completamente absorbidas, una parte de las mismas – 1.700 rioplatenses junto a 1.390
peruanos y 1.200 chilenos – participó en la Campaña a Puertos Intermedios, que terminó en
un desastre tras las derrotas en las batallas de Torata y Moquegua.120

Gran parte del resto de las fuerzas de origen rioplatenses – en respuesta al retraso de los
pagos y su situación de extrema pobreza – se sublevó y entregó la ciudad de El Callao a los
realistas.121

El resto de las fuerzas rioplatenses, unos pocos cientos, tuvieron una actuación destacada en
las batallas de Junín yAyacucho, con las que terminó la guerra de independencia en el
Perú.122

Una última campaña sobre el Alto Perú, comandada por el general Arenales en su carácter de
gobernador de la Provincia de Salta no tuvo efecto alguno en el final de la guerra en esa
región, que se produjo el 1de abril de 1825, con la muerte del general Pedro Antonio
Olañeta en el Combate de Tumusla.123

Guerra contra el Brasil[editar]


Artículo principal: Guerra del Brasil

"El juramento de los treinta y tres orientales" por Juan Manuel Blanes.

Desde la disolución del gobierno central en 1820 despareció el Ejército Argentino. Cada
provincia, completamente autónoma de las demás, tenía su propio ejército, en parte derivado
de desprendimientos del Ejército nacional, además de sus milicias, dedicadas a proveer
seguridad a las zonas rurales. El último resto del ejército expedicionario al Perú, las tropas del
Regimiento de Granaderos a Caballo, llegó a Buenos Aires a mediados de 1826, y fue disuelto
a los pocos días.124

La Banda Oriental había sido incorporada al Imperio del Brasil como [[Provincia Cisplatina] con
la anuencia de una parte de su población, mientras los militares que habían combatido contra
la invasión portuguesa permanecían en el exilio, o bien eran severamente vigilados por el
gobierno ocupante.
El 19 de abril de 1825 se inició desde Buenos Aires la campaña de los Treinta y Tres
Orientales, liderados por Juan Antonio Lavalleja, que aspiraban a independizarse del Brasil y
reincorporarse a las Provincias Unidas. En pocos días, sumaron el apoyo de miles de
compatriotas, que se unieron al ejército y derrotaron a los brasileños en la Batalla de
Sarandí.125 A continuación pusieron sitio a Montevideo, y el 25 de agosto, el Congreso de La
Florida declaraba la anexión a las Provincias Unidas.126

En Buenos Aires estaba reunido, desde el año anterior, el Congreso General Constituyente,
con la misión de reunificar las Provincias Unidas. Pese a la simpatía que despertaba el
movimiento emancipador oriental, éste no contaba con medios para apoyarlo, al menos hasta
tanto se organizara un poder central, que a su vez debería esperar la sanción de una
constitución. Pero prevaleció el apoyo popular a la campaña, y el 25 de octubre la Provincia
Oriental fue oficialmente reincorporada a las Provincias Unidas.127 En respuesta, el día 10 de
diciembre el Imperio anunció la declaración de guerra a las Provincias Unidas, que fue
respondida el 1 de enero de 1825 por el Congreso.128

La provincia de Buenos Aires había creado un ”Ejército de Observación”, que se instaló en


Entre Ríos. No era un ejército nacional, pero tenía una misión en cierto sentido nacional.129

El 8 de febrero, el Congreso decidió – considerando que una guerra nacional debía ser llevada
adelante por un gobierno nacional – crear un poder ejecutivo, con la denominación de
Presidente de las Provincias Unidas, cargo para el que nombró a Bernardino Rivadavia. Este
gesto cayó mal en las provincias interiores, que reclamaron que no se hubiera sancionado
antes una constitución. A esa reacción se debe que el apoyo de las provincias interiores a la
campaña militar fuese muy exiguo. Por otro lado, la intromisión el los asuntos internos de las
provincias de varios oficiales que habían sido enviados al interior a reclutar soldados impidió la
incorporación de tropas de muchas provincias al Ejército nacional. Las posteriores acciones
del Congreso, en particular la sanción de la Constitución Argentina de 1826, de neto
corte unitario, rechazada por la mayoría de las provincias del interior, disminuyeron aún más el
aporte de las provincias al esfuerzo bélico.130 131

Campaña del Ejército Republicano[editar]


El presidente organizó un ejército casi enteramente en los alrededores de Buenos Aires,
aunque al mismo se le adicionaron las tropas acantonadas en Entre Ríos y algunos
contingentes venidos de las provincias interiores. El día 31 de mayo, un decreto de Rivadavia
creaba el Ejército Argentino, que sería conocido por los historiadores como Ejército
Republicano, como contraste con el Ejército Imperial.

El ministro de guerra, Carlos María de Alvear equipó generosamente al Ejército, y fue


posteriormente nombrado su comandante. Asumió el mando en septiembre Durazno. El
grueso del Ejército fue trasladado por agua hasta la Provincia Oriental, y al mismo se le
incorporaron las tropas de Lavalleja. No obstante, si bien actuaron como avanzada del Ejército
Republicano, las tropas orientales se manejaron con gran autonomía.

Tras una serie de choques menores, las tropas brasileñas quedaron divididas en dos cuerpos:
una parte defendía la ciudad de Montevideo, y la otra estaba ubicada al noreste de la
Provincia Oriental, tanto en territorio de ésta como en la vecina Provincia de Río Grande de
San Pedro.

Con la intención de definir la guerra, en los primeros días de 1826 el general Alvear avanzó en
busca del ejército imperial al mando de 12.000 hombres. La rápida marcha que realizó para
introducirse entre las dos divisiones imperiales que se retiraban lentamente se frustró por el
mal tiempo que obligó al Ejército Republicano a permanecer varios días inactivo enBagé.
Unido el Ejército Imperial, Alvear partió finalmente en su búsqueda, y tras dispersar a las
divisiones volantes enBacacay, y Ombú, lo obligó a presentar batalla en Ituzaingó el 20 de
febrero. Este enfrentamiento entre 7.700 republicanos y 6.300 brasileños fue una victoria
brillante del Ejército Argentino.132

Pero la negligencia de Alvear en perseguir al enemigo hasta destruirlo completamente


malogró los beneficios de la victoria. El ejército imperial se repuso, y el argentino comenzó a
sufrir penurias, particularmente falta de alimentos, uniformes y municiones.133 Aún se pudieron
obtener dos victorias más, en Camacuá y Yerbal, pero el Ejército se vio obligado a adoptar
una posición defensiva sobre el río Yaguarón.134

El Ejército Argentino quedó bajo el mando del jefe de los orientales, Lavalleja; bajo su mando
reinó la indisciplina, y la falta de pago generalizó las deserciones.135

Disolución del Ejército[editar]


La permanencia del Ejército Imperial cerca de la frontera norte de la Provincia Oriental impidió
reforzar el sitio de Montevideo, que por otra parte era eficazmente sostenida por la escuadra
brasileña. La guerra naval, conducida del lado argentino por Guillermo Brown, permitió obtener
varias victorias notables, como las de Los Pozos, Juncal y Carmen de Patagones, la
desproporción en armamento naval era demasiado grande a favor del Imperio. Bastaron unas
cuantas derrotas, como las de Quilmes y Monte Santiago, para cerrar un estricto bloqueo
naval sobre Buenos Aires y el Paraná.136

Presionado por el bloque brasileño, por los comerciantes ingleses y por la misión diplomática
de John Ponsonby, ministro plenipotenciario de Gran Bretaña, Rivadavia encomendó
a Manuel José García llegar a una paz honorable con el Imperio. Éste decidió por su cuenta
firmar una Convención Preliminar de Paz el 24 de mayo de 1827, que desde el punto de vista
argentino equivalía a una rendición, ya que la República Argentina – ya se llamaba
oficialmente así, desde la sanción de la Constitución de 1826 – renunciaba a la Provincia
Oriental.137 La pésima acogida de la noticia de la Convención Preliminar en la opinión pública
y en el Congreso obligó a Rivadavia a rechazarlo, y aun así se vio obligado a renunciar. En su
lugar fue electo gobernador de Buenos Aires Manuel Dorrego, que intentó continuar la guerra,
aunque debió enfrentar presiones en su contra aún más fuertes que las que había sufrido
Rivadavia.

Con la intención de obligar al Imperio a negociar desde una posición menos dominante,
Dorrego ordenó – más exactamente autorizó – una campaña dirigida por Estanislao López
y Fructuoso Rivera para reconquistar las Misiones Orientales, ocupadas por Portugal en 1801.
La campaña fue un éxito,138 pero causó una reacción negativa en el emperador Pedro I, que
decidió continuar la guerra a cualquier costo y rechazar cualquier consideración que tuviera en
cuenta la situación en las Misiones Orientales.

Mientras tanto, Lavalleja se iba convenciendo progresivamente que la única opción posible a
la recuperación de la Provincia Oriental por el Imperio era su independencia, y presionó a sus
diputados y al propio gobernador porteño en ese sentido.139 Dorrego terminó por rendirse a la
evidencia y en agosto de 1828 firmó la Convención Preliminar de Paz con el Imperio, que
creaba el Estado Oriental del Uruguay.140

Las tropas orientales pasaron a ser el ejército del nuevo estado, y las argentinas – cuyos jefes
se sentían traicionados por Dorrego – regresaron a Buenos Aires en dos divisiones. La
primera en llegar, comandada por Juan Lavalle, estaba formada por tropas porteñas, y fue
utilizada para derrocar a Dorrego. Tras la guerra civil que siguió, terminó por ser unificada con
el ejército de la Provincia de Buenos Aires por su vencedor, Juan Manuel de Rosas.141

La segunda división, comandada por José María Paz, se dirigió al interior, donde fue utilizado
para derrocar el gobernadorcordobés Juan Bautista Bustos y derrotar a sus aliados,
especialmente al riojano Facundo Quiroga. A lo largo de lasegunda guerra entre unitarios y
federales en el interior, tanto Paz como Quiroga comandaron ejércitos interprovinciales, y
ambos anunciaron que lo hacían en nombre de todo el país. No obstante que la victoria quedó
en definitiva en manos de Quiroga, no volvió a organizarse ningún ejército argentino. El Pacto
Federal, que fue firmado por todas las provincias argentinas en 1831, organizaba las
relaciones entre las provincias; en lo militar, establecía que el mando de cualquier ejército inter
o supraprovincial quedaría al mando del gobernador de la provincia en que se combatiese.14

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