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DESMAYOS

a. Antes del desmayo

Si sientes que estás a punto de desmayarte


- Recuéstate o siéntate. Para reducir la posibilidad de que vuelvas a desmayarte, no te
levantes demasiado rápido. Si te sientas, coloca la cabeza entre las rodillas. Si te
recuestas esto te puede ayudar a evitar el desmayo porque favorece el riego sanguíneo
cerebral. Pero, cuando te encuentres mejor, asegúrate de levantarte poco a poco: primero
siéntate y permanece varios minutos en esa postura, y luego ponte de pie.

b. Durante el desmayo

Si otra persona se desmaya


- Colócala boca arriba. Si no hay lesiones y la persona está respirando, levántale las
piernas por encima del nivel del corazón —unas 12 pulgadas (30 cm)—, de ser posible.
Afloja cinturones, collares u otras vestimentas apretadas. Para reducir la posibilidad de
que la persona vuelva a desmayarse, no la levantes demasiado rápido. Si esta no recupera
el conocimiento en un minuto, llama al 911 o al número local de emergencias.
- Verifica si respira. Si la persona no respira, comienza con la reanimación
cardiopulmonar (RCP). Continúa con la reanimación cardiopulmonar hasta que llegue la
ayuda o hasta que la persona comience a respirar. aflójale cualquier prenda de ropa que le
apriete (como cinturones, cuellos o corbatas) para ayudar a restablecer el flujo
sanguíneo. Levantarle los pies y las pantorrillas y apoyárselos en una mochila o chaqueta
también puede ayudar a restablecer el riego sanguíneo cerebral.

c. Después del desmayo


Cuando una persona se desmaya, se suele recuperar enseguida. Puesto que es normal sentirse un
poco débil después de un desmayo, asegúrate de que la persona permanece recostada durante un
buen rato. Levantarse demasiado deprisa puede desencadenar otro desmayo.
CONVULSIONES

a) Antes de la convulsión

Puede ser difícil determinar si alguien está teniendo una convulsión. Algunas de ellas sólo hacen
que una persona tenga períodos de mirada fija. Estos pueden pasar inadvertidos.
La persona puede presentar síntomas de advertencia antes de la convulsión, tales como:
- Miedo o ansiedad
- Náuseas
- Vértigo (la persona siente que está dando vueltas o está moviéndose)
- Síntomas visuales (como luces brillantes y centelleantes, manchas o líneas onduladas frente
a los ojos)

b) Durante la convulsión
- Conservar la calma, ya que una actuación precipitada puede ser peligrosa.
- Tratar de que la persona no se lesione durante la crisis epiléptica, quitando objetos
peligrosos de alrededor (aristas de muebles, objetos punzantes, etc) y colocando algo blando
bajo su cabeza, para evitar que se golpee contra el suelo.
- Aflojar ropas alrededor del cuello, (corbatas, camisa, etc.).
- Se debe colocar de lado con cuidado, para facilitar la respiración
- Se debe colocar de lado con cuidado, para facilitar la respiración.

c) Después de la convulsión

- Observar la duración de la crisis epiléptica. En la gran mayoría de las ocasiones este tipo de
crisis epilépticas finaliza en dos o tres minutos, tras lo cual la persona se recupera
gradualmente.
- Se debe esperar al lado de la persona hasta que la crisis epiéptica termine. Dejar que
descanse hasta que se recupere y comprobar que vuelve poco a poco a la situación normal.
CAIDAS, GOLPES, HERIDAS Y CORTES

a) Tratamientos de heridas en adultos


Los síntomas más habituales de las heridas son dolor, sangrado visible y separación de los bordes
de la piel. Para tratar de forma correcta las heridas leves, los pasos a seguir, según indica a EL
MUNDO Almudena Santano Magariño, subdirectora de Enfermería del Hospital Universitario
Gregorio Marañón de Madrid, son los siguientes:
- Evitar el contacto con la sangre para evitar la infección de la herida y para proteger a la
persona que interviene. Es fundamental realizar un lavado de manos previo.
- Lo importante es detener la hemorragia. Para ello, tapar y comprimir directamente sobre la
herida con una gasa o, en su defecto, con un material limpio y que no suelte pelusa, como
por ejemplo un pañuelo.
- Limpiar la herida con agua corriente y fresca a chorro. También se puede limpiar con
suero fisiológico si se tiene a mano.
- Secar la piel de alrededor, sin tocar la herida.
- Desinfectar con un antiséptico. La limpieza de la herida se tiene que hacer en círculos,
desde el interior hasta el exterior para expulsar posibles cuerpos extraños en el interior.
Repetir el proceso una segunda vez.
- Tapar la herida con una gasa (no con algodón, porque pueden quedar fibras en el interior)
y esparadrapo para que fije el apósito y evite rozaduras o nuevo sangrado.

b) Tratamiento de heridas en niños


Cuando un niño se hace una herida, por lo general se produce sangrado en la zona de la lesión.
Las recomendaciones son parecidas a la de los adultos, según explica la doctora Conchita Míguez
Navarro, pediatra de Urgencias del Hospital Universitario Gregrorio Marañón de Madrid, son:
Si el niño tiene una pequeña herida y sangra poco:
- Lavar la zona con agua a chorro para limpiar la suciedad.
- Lavarla con un jabón suave y enjuagarla completamente.
- Secar la herida con gasas a pequeños toques y de dentro a fuera sin frotarla.
- Una vez seca se puede aplicar un antiséptico (clorhexidina al 2% o povidona yodada).
- Se puede cubrir con una banda adhesiva esterilizada ('tirita') o cinta de gasa esterilizada y
examinarla diariamente. Si la tirita se moja, retirarla y utilizar una nueva.
- En cuanto la herida comience a cicatrizar formando una costra, no hace falta seguir
cubriéndola.
- Sobre las heridas de los más pequeños no se debe tampoco usar algodón, alcohol, polvos
o pomadas.
Si la herida sangra mucho debido a un corte grande o golpe fuerte:
- Lavar cuidadosamente con agua (para ver mejor la herida y poder apreciar su tamaño.
- Para frenar el sangrado, presionar de manera directa y uniforme sobre la zona durante
cinco minutos con gasas estériles o con un paño limpio utilizando la palma de la mano
sobre la gasa o el paño.
- Si se puede, elevar la parte del cuerpo del niño que esté sangrando a un nivel más alto
que su corazón. No se debe aplicar un torniquete. Durante este tiempo, no se es necesario
revisar la herida o quitar coágulos de sangre que pueden haberse formado en la gasa.
- Si la sangre empapa la gasa, no debe retirarla. Utilizar otro trozo de gasa encima de la
anterior y continuar ejerciendo presión sobre ella.
- Si hay objetos clavados no se deben extraer ya que pueden estar taponando la herida y
evitando el sangrado.
- Si el niño tiene dolor se le puede dar un medicamento para aliviar al niño (ibuprofeno o
paracetamol).
SHOCK DIABETICO
a) Antes del shock diabético
El término hipoglucemia se refiere a un bajo nivel de glucosa en la sangre. El shock diabético hace
que los procesos metabólicos del organismo se vean alterados y, en algunas ocasiones, eso puede
llegar a provocar inconsciencia. Por ello antes del shock la hipoglucemia se puede y debe
reconocer por los siguientes síntomas:
- Pulso rápido
- Sudor frio
- Tez pálida
- Apetito voraz
- Temblor, rodillas temblorosas
- Inquietud, nerviosismo
Si el nivel de glucosa en sangre disminuyendo, la falta de energía en el cerebro provoca signos
como:
- Alteración de la capacidad de concentración
- Dolor de cabeza
- Trastornos del habla y de la visión

b) Durante el shock diabético


- El paso inicial es acercarse a la persona diabética y preguntar si necesita ayuda. Es
posible que nos sintamos algo cohibidos a la hora de preguntar, ya que los síntomas de
un diabético pueden asemejarse a los de una persona bajo los efectos del alcohol. Sin
embargo, al tratarse de la salud de un ser humano, deberíamos superar este miedo y
ofrecer ayuda. Algunos diabéticos prefieren no recibir ayuda, pues prefieren resolver
ellos mismos la situación. En este caso, la persona debería poder actuar calmadamente y
no se debe llevar a cabo ningún acto de ayuda.
- El ayudante tiene que ofrecer al afectado comida con contenido en azúcar. Lo más
adecuado sería golosinas de glucosa. Otra alternativa adecuada son las bebidas
azucaradas. En todo caso, han de evitarse comidas que, a pesar del alto contenido en
azúcar, también contengan muchas grasas debido a que la grasa limita la velocidad de
ingesta del azúcar. En caso de no conocer personalmente al paciente, es conveniente
avisar a un familiar o amigo.
- Si el paciente se encuentra confuso, con síntomas de parálisis o inconsciente, es
necesario llamar inmediatamente a emergencias. En caso de inconsciencia, la persona ha
de colocarse en posición de recuperación y la respiración ha de ser controlada
constantemente hasta que los servicios médicos hagan acto de presencia. En este caso, la
administración de comidas ricas en glucosa o golosinas no ha de efectuarse bajo ningún
caso, pues existe riesgo de ahogamiento.