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Sugestiones para la Estrategia Ajedrecística - S. Tartakower - Prof.

José Luis Matamoros


IV
AMENAZA
Considerada como maniobra, constituye esa 7. ... g6
energía misteriosa que infunde vigor, amplitud ¡Las blancas dominan ahora la casilla f6!
y movilidad en la masa, en el tiempo y en la po- 8.£f3! ¤f5
sición. 9.¤e2 ¤c6
En particular malignas son en este sentido Con el consiguiente ataque al peón d4 trata
las amenazas falsas o aparentes, y en especial, las de preocupar al adversario, quien de jugar 9...f6;
dobles (amenazas), como, por ejemplo, la que lo hubiese desalojado con 10.g4.
destruyo rápidamente la resistencia enemiga en 10.O-O O-O
la siguiente partida del torneo de maestros reali- Tenía todavía 10...¤cxd4 11.¤xd4 ¤xd4;
zado en Merán, en 1926: pero no a causa de 12.£f6. Ahora comienzan
las blancas la demolición del juego contrario.
Blancas: Canal 11.¤xd5 ¤cxd4?
Negras: Sacconi El desenlace se aproxima, pero de todas ma-
neras no era posible compensar la pérdida del
1.e4 e6 peón, ya que la amenaza 12.¤f6+, impide, por
2.d4 d5 ejemplo: 11...¥e7 12.¥xf5 gxf5 13.¥f4 ¥d8
3.¤c3 ¥b4 14.¥xc7!, etcétera.
Jugada de moda que tiende a mantener el 12.¤xd4 ¤xd4
equilibrio del juego. 13.£e4! ...
4.exd5! exd5 ¡Desesperante! La doble amenaza 14.¤f6+,
5.¥d3 ¤e7 así como 14.£xd4, debía inducir al contrario
Para poder seguir con 6. ... ¥f5; pero que es a abandonar inmediatamente la partida, pero
radicalmente frustrada por la siguiente novedo- efectúa todavía algunas débiles jugadas defensi-
sa jugada de las blancas: vas para tratar de prolongarla.
6.£h5 ... 13. ... £c6
Original del joven maestro peruano. La teo- 14.£xd4 ...
ría establece en este caso 6.¤e2, o mejor 6.£f3. Nuevamente con una doble amenaza: por
6... £d7? un lado, con 15.¤xb4, ganando una pieza, y por
Torpe jugada. En verdad tampoco es convin- otro 15.¤f6+, amenazando mate. Las negras
cente jugar 6...g6; que después de 7.£e5 O-O optan por lo último.
8.¥h6 f6 9.£f4, etc., aumentaría la debilidad del 14. ... ¥c5
ala de rey de las negras. Habría que efectuar la 15.¤f6+ ¢h8
audaz defensa 6...c6; junto con ¤d7 - ¤f6. 16.£h4 h5
7.h3! ... 17.£g5
Impide la intención del contrario de jugar 1-0
7...£g4; y puede por eso, en cierto modo, con- Las negras abandonan.
siderarse como jugada de «bloqueo» o «encerra-
miento».

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V
DESVIO
La realización táctica de la idea de estrecha- Tiene que defender el peón e4 atacado.
miento consiste en quitar a cierta figura ene- 10. ... ¥g4
miga, no la libertad de acción en general, sino Precursor de la acción desviadora.
solamente con respecto a determinado radio de 11.£d2 ¦ad8
lucha. Cuando tal exclusión requiere un desgas- Una maligna ocupación de línea. Ahora se
te de fuerzas demasiado grande, así como la es- ofrecía al blanco 12.¤c3; empero este no pre-
terilización, mediante trueque, de unidades de siente nada malo y juega:
lucha del mismo valor, resulta más económico 12.h3? ...
alcanzar la finalidad perseguida efectuando una
maniobra de desvió.
En algún caso podrá el desvió costar el sacri-
ficio de la dama, que en determinada circuns-
tancia posee un valor táctico menor que otra fi-
gura. A continuación, veremos un bello ejemplo
producido en una partida libre jugada en Craco-
via, en 1924:

Blancas: P
Negras: M. Rubinstein

1.e4 e5
2.f4 ¥c5
3.¤f3 d6 Luego siguió con truenos, rayos y granizo:
4.¥c4 ¤f6 12... ¤xe4!!
5.£e2 ¤c6 13.dxe4 £f2+!!
No toma en consideración la amenaza de ga- Un problemático sacrificio de desvío.
nancia de peones. Lo más útil es, naturalmente, De acuerdo con la partida bastó también
5...£e7. 13...£xe4+.
6.fxe5 dxe5 14.£xf2 ¦d1#
7.¥xf7+! ¢e7! 0-1
8.¥b3 ... Fue una acción de mate llevada a cabo con-
Después de esta retirada, las negras toman la céntricamente. Un jugador que lleva el nombre
iniciativa con el mayor ímpetu. Con sangre fría del gran Lasker y el apellido del gran Akiba está
se ofrecía por consiguiente todavía: 8.c3!, por predestinado para brillantes resultados.
ejemplo: 8. ... ¥b6; 9.¥b3, u 8...¤g4 9.d4!
8... ¤d4!
9.¤xd4 £xd4
10.d3 ...

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VI
RUPTURA DE LA AVANZADA
¿Rechazar la violencia con violencia, o com- ruptura de la cadena de peones enemiga. Pre-
batir con finura? En la lucha ajedrecística pro- maturo seria 7.b3, que después de 7. ... cxb3;
porciona mayor éxito el segundo procedimien- disminuiría más aun el estado posicional de los
to. Cuanto más amenazadoras se presentan las peones blancos en el ala de la dama, mientras
construcciones enemigas de ataque, tanto más que ahora se intenta, posiblemente, 8.d3. In-
disimulada debe ser la tendencia contraria a em- útiles serían, por lo demás, las maniobras de la
plearse. dama 7.£b4 £d5!; o 7.£g3 £f6 8.d4 ¤e7; et-
¡Qué imponente aparece, por ejemplo, en el cétera.
mencionado Gambito de la Dama 1.d4 d5 2.c4 7... £d6
dxc4 3.¤f3 ¤f6 4.e3 b5; la cadena de peones ne- La tendencia que aparece es muy recomen-
gros! Y, sin embargo, es rota tan completamente dable.
por 5.a4 c6 6.b3!, etc., que la variante debía ser 8.£xd6 cxd6
considerada inconveniente para las negras. 9.¤f3 ¤c6
En la partida siguiente, realizada en el gran 10.b3! ...
Tomeo de Moscú, en el año 1925, fue posible
comprobarlo en una forma de lucha más difícil
aún.

Blancas: Dr. Tartakower


Negras: Spielmann

1.¤f3 d5
2.c4 dxc4
3.¤a3 e5
Ya con miras a sostener la construcción de
peones del ala de la dama (4.¤xc4? e4).
4.¤xe5! ¥xa3
5.£a4+ b5
Esta es la clave de todo el sistema defen- La situación se toma seria. Desfavorable para
sivo de las negras, pues impide adoptar la va- las negras sería ahora el desarrollo 10...cxb3
riante 6.£xb5+ c6 7.¤xc6 ¤xc6 8.£xc6+ ¥d7 11.¥xb5! bxa2 12.¥b2 f6 13.O-O, y también la
9.£e4+ ¥e7!; etc., por la pérdida de figura. agresión 10...¤b4; caería en el vacío después de
6.£xa3 ¥b7! 11.¤d4, mientras que el caballo blanco perma-
Una ingeniosa respuesta contra 6...£d5; es nece en una posición central dominante.
7.£f3. 10. ... d5
7.e3! ... 11.bxc4! ...
El movimiento más importante de toda la Solamente gracias a este giro paradojal, que
partida, puesto que prepara sistemáticamente la fortalece aparentemente el bosque de peones del

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adversario, pueden las blancas ejecutar su difícil 16.¥e4 ¦c8
tarea. Fallaría 11.d3 f6; etc., problemático seria En todo caso, más osado que 16...O-O-O,
11.a4 ¤a5; y prematuro 11.¥b2, pues quedaría o 16...¦b8.
con esto tapada en una variante la línea b. 17.¤d4 ...
11... dxc4 La amenaza es más fuerte que la ejecución.
A 11...bxc4; seguiría inmediatamente Después de 17.axb5 ¥xb5 18.¦xa7 ¥d3!; toma-
12.¦b1 ¥a6 13.¥b2 ¤ge7 14.¥e2, con O-O, ría el oponente el papel agresivo.
dominando las blancas todas las calles, líneas y 17... bxa4
puntos estratégicos. Las negras tienen que in- 18.¦xa4 ¤d3+
tentar constituir nuevamente su ala de la dama 19.¥xd3 ...
en el tronco principal de la lucha. Salta a la vista que no 19.¢d2?, en razón de
12.a4! ... 19. ... ¤c5.
Aumenta el radio de acción de la estrategia 19... ¥xd3
de ruptura de las blancas, con lo cual se crea 20.¦xa7 ...
nuevamente una debilidad en el campo enemi- Mas ingenioso todavía que 20.¢d2. Las ne-
go. De nada serviría 12.¥b2 ¤f6 13.d3 cxd3 gras han conseguido, por cierto, una gran sim-
14.¥xd3, o 11.¦b1, ¥a6!; o 12.d3 c3. plificación de la posición (alfiles desiguales); sin
12...¥a6 ... embargo, las blancas logran organizar una red
Si 12...a6; inmediatamente 13.¦b1!, con de mate.
doble amenaza, mediante 14.axb5, o 14.¥xc4, 20... ¤e7
para ganar un peón. A 20...¦b8; seguiría sin vacilación 21.¢d2!
13.¥b2 ... ¦xb2+ 22.¢xd3 ¦xf2 23.¦b1, y las negras tie-
En este estado, una jugada intermedia im- nen que abandonar.
portante, que prepara con tiempo la ruptura 21.¥a3! ...
decisiva d3, sin tener que temer a la jugada del
contrario c3.
13... f6
Más saludable parece en todo caso el movi-
miento de desarrollo 13...¤f6; al cual seguiría
igualmente la mencionada 14.d3!
14.d3! ...
La jugada clave.
14. ... cxd3
Sin objeto seria 14...¤b4; en razón de
15.¤d4.
15.¥xd3 ¤b4
Después de haber terminado la batalla de
los peones en favor de las blancas, ensaya sal-
varse mediante la lucha con figuras. A 15...¦b8; ¡Resueltamente! Las blancas exigen solo el
seguiría 16.¤d4!, con pronto agobiamiento del trueque de los caballos, y esto con buen derecho.
punto b5. 21. ... ¤f5

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De todas maneras, ni 21...¤c6 22.¤xc6 1-0
¦xc6 23.¦a8+, ni [21...¤d5 22.¤e6. Las negras abandonan.
22.¤xf5! ...
Sólo una apariencia de mate seria 22.¤e6(a-
menazando 23.g4), en razón de 22...¥c4!
22... ¥xf5
23.O-O ...
¡Muy cruel! Ahora amenaza 24.¦e7+ ¢f8;
25.¦e5+, o 24...¢d8 25.¦d1+. Mucho menos
forzada seria la réplica de 23.¦e7+ ¢d8 24.O-
O, en razón de 24. ... ¦c2.
23... ¦c3
Es una contramedida muy desesperada, que
procura satisfacer al adversario con la entrega
de la calidad. La “variante principal” de la per-
dida consistid sin duda en 23...¥d7 24.¦d1 ¦d8
25.¥b4, con la amenaza ¥a5.
24.¦d1! ...

Amenaza mate en dos jugadas. El trabajo


concéntrico de ¦a7 (séptima fila), ¦d1 (línea
abierta) y ¥a3 (diagonal libre), es muy instruc-
tivo.
24. ... ¦xa3
25.¦xa3 O-O
Enroque tardío, que desempeña en este caso
las veces del ultimo respiro.
26.f3

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