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SUPLEMENTO U OBJETO PREPOSICIONAL LECTURA 18

El suplemento en español
Hortensia Martínez García (1986)
Gredos, Madrid.

CONCLUSIONES
Del análisis realizado se deduce que el suplemento tiene unas características formales y
semánticas tales, que hacen imposible su identificación con el resto de las funciones
oracionales. Frente al sujeto léxico, que rechaza cualquier preposición, el suplemento es una
función prepositiva; y en oposición a implemento, atributo y complemento, carece de sustitutos
pronominales átonos.

Se ha señalado que es difícilmente separable de los aditamentos, habida cuenta de que no


existe un criterio único que diferencie a estas dos funciones. Y, en efecto, así es: no hay un
criterio único y concreto, pero sí varios que, combinados, evidencian una función distinta:

1º Los aditamentos suelen ser «marginales» en la estructura oracional. Podría objetarse


que hay aditamentos que no lo son en absoluto; no hay más que citar ejemplos como proceden
de América o reside en Oviedo, donde los sintagmas América y Oviedo no pueden eliminarse so
pena de que se produzca una secuencia incompleta. Lo cual ocurre, con carácter casi general,
cuando se trata de eliminar los suplementos.

2° El hecho de que haya algunos aditamentos sin sustituto adverbial, como ocurre con los
de «compañía», los «finales» o los «causales» (cuyo referente es la preposición que los
introduce y un pronombre tónico), tampoco invalida en modo alguno el criterio de la
conmutación por referentes a la hora de oponer aditamento y suplemento; porque lo cierto es
que en ningún caso los suplementos son conmutables por una unidad adverbial. Sintagmas
como hoy, ayer y mañana pueden funcionar como suplementos; por ej.: preocúpate de hoy y
no de mañana, hablemos de ayer, etc., pero, aun siendo adverbios, no pueden entenderse
como sustitutos, sino cómo resultado de elipsis: preocúpate de (lo de) hoy, hablemos de (lo de)
ayer.

3° También las preposiciones sirven a la diferenciación de ambas funciones. La de


suplemento constituye una extensión del «lexema» verbal, como prueba el hecho de que cada
verbo exija su propia preposición; de que cuando es susceptible de llevar o no suplemento, su
presencia contribuya a variar la significación verbal y sus posibilidades combinatorias; y de que
la preposición se mantenga en la sustitución.

Si en los aditamentos actúan como unidades transpositoras a función adverbial, las


preposiciones que se integran en los suplementos no transponen a ninguna categoría, sino que
simplemente capacitan a los sintagmas (sean sustantivos, adjetivos o adverbios) para funcionar
como suplemento.

Generalmente, la preposición que acompaña a los aditamentos es conmutable por otras en


el mismo entorno sintáctico; la que caracteriza al suplemento, en cambio, suele ser única y
concreta; y cuando éste admite varias es porque o bien vienen impuestas por la categoría
semántica o lingüística del sintagma nominal, o bien la conmutación de una por otra u otras
conlleva un cambio de contenido en el signo léxico verbal. Asimismo, la incrementación
reflexiva impone restricciones a la presencia de una u otra unidad prepositiva en el sintagma
suplemento.

4° Frente a ciertos aditamentos semánticamente «físicos», «contables» o «medibles»


(como es el caso de los «locativos» o de los «temporales»), la semántica general de los
suplementos parece ser la de los «no-físicos» o «abstractos». De ahí que el sustituto tienda a
ser «neutro», salvo en los casos en que el sintagma nominal se refiere a entes «animados».
Al contrario de lo que afirman muchas gramáticas, la construcción reflexiva no siempre
expresa un contenido «medio», pues –cuando comportan suplemento, al menos– los llamados
verbos de «sentimiento» o «psíquicos», como avergonzarse, admirarse, alegrarse, etc.,
expresan contenido «pasivo». En efecto, en estructuras del tipo de se admiraban de tu
elocuencia, transformable en tu elocuencia los (o las) admiraba, el sintagma suplemento
nombra la «causa» del proceso indicado por el verbo, mientras que el ‘incremento reflexivo’ es
el referente del «destinatario» o «afectado» por ese proceso. Lo cual viene a reafirmarnos en la
idea de que, al menos en español, no existe voz pasiva (ni media) como forma lingüística, sino
sólo construcciones que eventualmente expresan contenido «pasivo»: a saber, la
incrementación reflexiva (me alegro de tu buena suerte  tu buena suerte me alegra), algunas
estructuras atributivas (la noticia fue publicada por los periódicos  los periódicos publicaron la
noticia) y determinadas construcciones reflexivas (los alimentos se conservan con el frío  el
frío conserva los alimentos) (vid. cap. XI).

La función de suplemento es exclusiva de los verbos «preposicionales»; verbos que, por su


naturaleza léxica, exigen ser determinados por un adyacente precedido de una preposición, rara
vez conmutable por otra sin que cambie la construcción.

Unos son sistemáticamente «preposicionales», otros pueden llegar a serlo bajo


determinadas condiciones, por ejemplo, mediante la incrementación reflexiva. Pero todos ellos
tienen el mismo comportamiento funcional e idéntico tipo de relación con el suplemento. Así, en
algunas construcciones, sintagma verbal y suplemento son solidarios (se atuvieron a lo pactado,
no todo consiste en trabajar). En otras, el suplemento mantiene una clara relación de
dependencia respecto al núcleo verbal, ya que puede no aparecer en determinados contextos
(me arrepiento, no abuséis).

Muchos de estos verbos admiten tanto la construcción ‘prepositiva’ (con suplemento) como
la ‘no-prepositiva’ (con implemento), pero la diferencia de estructura supone con frecuencia un
contenido verbal distinto, o bien una diferente categoría en el sintagma no verbal.

Incrementación reflexiva y suplemento aparecen tan estrechamente relacionados, que los


verbos de uso exclusivamente pronominal como arrepentirse, jactarse, etc. rigen suplemento; y
los que tienen la doble posibilidad de construirse con o sin incrementación reflexiva, cuando la
llevan, exigen ser determinados por un suplemento. Muchas veces, incluso, es esta función la
que provoca un cambio en el «status» del reflexivo, que de pronombre pasa a ser un mero
incremento del sintagma verbal, esto es, un elemento reforzador de los morfemas que cons-
tituyen el `sujeto gramatical' («número + persona»), y que carece de función autónoma dentro
de la estructura oracional. Tal es el caso de verbos como alegrarse: los niños se (o los)
alegraran / los niños se alegran de nuestro éxito (no es posible "los niños los alegraron de
nuestro éxito).

El único papel asignable al ‘incremento’ en estas estructuras es el de transpositor de verbos


transitivos a intransitivos, de manera semejante al que desempeña el /se/ de las ‘pasivas
reflejas’ y de las ‘impersonales’, pues en todas ellas el reflexivo impide la presencia de un
implemento en la oración (vid. cap. XI, 11.6.).

Dentro del ámbito oracional, la preposición es un elemento con función ‘diacrítica’, pues es
una marca negativa de que el sintagma en que se integra no es sujeto léxico. En oposición a
esta función «apreposicional», suplemento y complemento son las únicas funciones
obligatoriamente prepositivas: tanto la a que caracteriza al complemento como las
preposiciones de suplemento son necesarias para la existencia de función y carecen de
semantismo propio; de ahí que, cuando el verbo suplementado rige a, suplemento y
complemento entren a veces en conflicto y resulte dificultoso distinguirlos.

En tal caso, ambas construcciones suelen corresponderse con dos categorías


semánticamente diferentes, de modo que el sintagma encabezado por a desempeña la función
de complemento o de suplemento según que aluda a entes «animados» o «no-animados»
respectivamente (los libros pertenecen a María / los libros pertenecen a colecciones distintas)
(vid. cap. VII).
El suplemento suele aparecer en estructuras intransitivas (se arrepiente de lo que dijo), y a
veces en alternancia con un implemento (disfrutaron la casa / disfrutaron de la casa); lo que ha
llevado a pensar en una supuesta incompatibilidad de implemento y suplemento en un mismo
predicado, obligando, como consecuencia, a considerar aditamentos sintagmas que, por sus
características funcionales, están más cerca de la suplementación que de la aditamentación. Tal
es el caso de los ejemplos vistos en el cap. VIII: los acusaron de asesinos, fundaron su
renuncia en la falta de recursos o dijo cosas de María; construcciones en las que el sintagma
preposicional es regido por el verbo, y que llevan, por lo tanto, una preposición fija, sin
posibilidad de conmutación por otra y totalmente vacía de contenido; tal sintagma nunca deja
referentes adverbiales y, en algunos casos, es imprescindible si quiere mantenerse la
significación léxica del verbo.

Estos sintagmas regidos ofrecen, pues, todas las características del suplemento. Cabe
preguntarse, sin embargo, por qué en estos casos exigen la presencia de un implemento
cuando en otros la rechazan. Una posible explicación podría ser ésta: que se trata en su gran
mayoría de estructuras transitivas en las que verbo e implemento constituyen una unidad
léxica. De otro modo: así como otros verbos que rigen suplemento llevan en sí mismos su
propio implemento (cuida de los niños  ten cuidado de los niños; necesito de tu ayuda  tengo
necesidad de tu ayuda, etc.), en estas construcciones el «lexema» verbal se reparte entre dos
unidades lingüísticas: sintagma verbal e implemento (léxico o morfológico). Esta unidad
semántica puede ser determinada nuevamente por un adyacente que, dada la naturaleza
«preposicional» del verbo, es un ‘complemento regido’ (vid. cap. VIII).

Por otra parte, el hecho de que el suplemento sea coordinable con ciertos ‘atributos de
implemento’ (los acusó de gamberros y de que la habían insultado) es indicativo de que al
menos el «suplemento atributivo» es compatible con el implemento (vid. cap. IX).

Más difícil resulta establecer el límite entre suplemento y aditamento cuando el verbo
«preposicional» tiene la posibilidad de combinarse con un sintagma «locativo» (con sustitutos
adverbiales aquí, allí, etc.), o con un sintagma nocionalmente «abstracto», «no-físico»
(semántica que parece ser general al suplemento), cuyo referente no es adverbial, sino
pronominal (‘preposición + pronombre tónico’). Se trata de oraciones como:

I Huyeron de la cárcel.

II Huye de los peligros.

I Avilés dista veintiocho kilómetros de Oviedo.

II Lo que dices dista mucho de ser cierto.

Aunque no puede afirmarse rotundamente que los sintagmas preposicionales de las


secuencias señaladas en II funcionan como suplemento, puesto que en algún caso son
coordinables con «locativos» (¿huías de la cárcel o de los peligros que encierra?), y los
sustitutos tienden muchas veces a intercambiarse (la dificultad residía en no haber podido
lograr su propósito – ahí [o en eso] residía la dificultad), hay indicios de que tienden a la
suplementación, pues: 1º, semánticamente expresan procesos «inmateriales» y su relación con
el núcleo verbal es la solidaridad; 2°, las preposiciones –como las que caracterizan el
suplemento– son unidades fijas (sin posibilidad de conmutación), mientras que con sintagmas
«locativos» suelen ser sustituibles. En efecto, son posibles: huyeron de la cárcel ~ desde la
cárcel ~ por la cárcel, etc., pero no lo son: *huyeron desde (por, a través de, etc.) sus peligros.