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Nociones sobre la adolescencia

En el tercer año de secundaria escuché decir a la profesora Amparo de Formación cívica y ética:
“ustedes ya no son niños, ustedes son adultos, entonces les pido que se comporten como tales y se
pongan a trabajar en el ejercicio”, posteriormente a esos dichos la maestra me castigo junto con otros
dos compañeros con las manos arriba, palmas y mirada hacia pared. Hoy día reflexiono esas palabras
y esas acciones y considero que la maestra no reconocía la enorme importancia de la adolescencia,
nos quería aleccionar sobre la adultez, pero contradictoriamente con sus castigos nos trataba como
niños. Pienso que, sobre todo, no entendía los significados de la adolescencia y probablemente
tampoco entendía los significados de la adultez.

Mi concepción de la adolescencia al igual que el de la profesora fue confusa, así como la concepción
de muchos adolescentes que en estos momentos están viviendo ese periodo sin detenerse a reflexionar
lo que significa esta etapa de la vida. Esto es, los adolescentes no reflexionan las particularidades de
su condición en el momento en el que la están viviendo, en este sentido ¿Cuándo puede la persona
reflexionar su adolescencia? La respuesta es sencilla, la adolescencia puede auto reflexionarse una
vez que ha pasado y siempre esa reflexión se da desde la adultez, en algunos casos con ligeros
arrepentimientos, en otros casos con satisfacciones, en mi caso con ambas características.

Para fortuna o des fortuna mía, yo fui un adolescente centrado en los estudios y con un sentido de la
responsabilidad medianamente alto, quizá por el miedo a las reprimendas de mi madre, quizá por la
necesidad de competir con mis propios primos y primas, quizá por una decisión fundada y motivada
en argumentos, pero principalmente esas decisiones se ajustaron a una imperiosa necesidad de
contradecir con acciones responsables (casi de adulto) a mi familia, una familia con apariencia adulta
pero con una mentalidad falta de reflexión y autocritica, sería interesante pensar si dichas acciones
son una característica especifica de la adolescencia que por casualidad y por fortuna me llevaron por
un aparente buen camino, es decir, por el camino de lo ‘normal’ y no por el cambio de las conductas
antisociales.

No obstante, el periodo de la adolescencia no sólo se reduce a lo anterior, para muchos adolescentes


el cambio generalizado de sus características físicas y de sus características psicológicas es muy
confuso, precisamente porque es un conjunto de cambios que se manifiesta de manera acelerada y
que surgen de forma simultánea. En este sentido, estos cambios pueden derivar en muchos casos en
desequilibrios que pueden tener dos consecuencias claras, la primera: el adolescente se inclina hacia
conductas antisociales debido a una decepción de expectativas o bien, la segunda y la más deseable:
el adolescente satisface sus expectativas y pasa a su etapa adulta de una manera responsable.
Reforzando mis nociones sobre la adolescencia

Para las personas en general el tratar de entender un tema conlleva ciertos prejuicios o informaciones
que regularmente suelen ser deficientes. Así como en todos los temas de la vida cotidiana, el tema de
la adolescencia no está exento de esta condición. Por ello, la lectura de estos textos me permitió una
reflexión complementaria sobre mi concepción de la adolescencia en dos sentidos: el sentido
biológico, y el sentido social; es decir, la revaloración de un nuevo paradigma sobre el significado de
ser adolescente.

El sentido biológico es simplemente el sentido material del cuerpo, como bien se señala en el extracto
de la revista National Geographic el cerebro adolescente es un cerebro en formación susceptible de
ciertos estímulos que repercuten en la etapa adulta. Por lo tanto, el actuar del adolescente puede ser
explicado debido a que en el interior de su cerebro están ocurriendo cambios físicos biológicos; un
ejemplo de esto es el cómo el adolescente afronta el riesgo, es decir, la reacción de este frente al
peligro suele ser distinta que la reacción del adulto, pero también la reacción del adolescente está
mediada por las recompensas sociales que este puede obtener al orientar sus conductas por acciones
riesgosas. Entonces, la búsqueda de emociones fuertes y peligrosas puede ser explicada por una
condición cerebral (desarrollo del lóbulo frontotemporal) que puede considerarse aún en formación.

En el sentido social encuentro que los modelos educativos y formativos tradicionales basan el proceso
de aprendizaje y enseñanza en viejos paradigmas que sitúan al adolescente como una persona
conflictiva, rebelde e irresponsable, precisamente sobre esos paradigmas se articulan ciertas
respuestas inquisitivas que castigan dichos actuares con reprimendas de la condición propia del
adolescente (como en el caso de la maestra Amparo). Sin embargo, desde la ciencia y la pedagogía
se ha hecho hincapié en desarticular los viejos paradigmas instalando en el centro de la reflexión un
paradigma que en lugar de castigar las conductas normales en un adolescente aprovecha las cualidades
intrínsecas del mismo y promueve dichas cualidades como competencias.

Como ya se ha visto el adolescente se articula a partir de dos sentidos: el sentido biológico y el sentido
social. Por ello, es menester de las instituciones públicas entender dichos sentidos, aprovecharlos y
cambiar los viejos paradigmas por una cultura integral que permita promover la competencia
saludable de los adolescentes, satisfacer sus expectativas y aprovechar las cualidades de cada uno de
ellos para encausarlas a actividades con las que estos se sientan plenamente identificados y satisfechos

Rodrigo Aguilar Contreras

vaderpia@hotmail.com